Los males del sistema de justicia se pueden resumir en tres: los juicios son interminables, la corrupción es endémica y se suelta a los delincuentes. Las causas son comunes a los tres: unos códigos procesales burocráticos, redundantes e impracticables; una calidad profesional de la magistratura decreciente; redes de parentesco o de amistad antes que meritocracia; y una Corte Suprema sin poder jurisprudencial.