Sábado, 23 de diciembre de 2006
La inquisición desde Nueva York


Continuando con las transmisiones en directo desde el Metropolitan Opera House de Nueva York, radio Filarmonía presenta hoy "Don Carlo", de Giuseppe Verdi, desde la 1 p.m.

Se trata de una de las óperas más populares en el repertorio del Met desde la época de Rudolph Bing, cuando este la presentó como la producción inaugural de su administración en 1950.

La acción transcurre en la corte de Felipe II de España. Consta de cinco actos, con libreto de Méry y Du Locle, basado en la obra de Schiller. Es una de las óperas de Verdi que, a pesar de no tener la uniformidad de "Aída" u "Otelo", tiene un estilo propio y marca un precedente en la ópera moderna. Cuenta con seis personajes principales, cada uno con grandes momentos e intrigas que la hacen fascinante . En esta oportunidad, James Levine conduce la orquesta. Si bien su conducción no es la impetuosa de sus primeros años todavía demuestra eficacia, más en el volumen y la fuerza de la orquesta que en los tiempos utilizados.

El elenco es destacable. Cuatro grandes del momento se unen para dar vida a los papeles claves: Olga Borodina (Éboli), Dmitri Hvorostovsky (Rodrigo), René Pape (Felipe II) y Samuel Ramey (Gran Inquisidor). Completan el reparto Patricia Racette (Isabel de Valois) y Johan Botha (Carlo).

Definitivamente, Botha es el menos atractivo del grupo. Su actuación provoca incluso risas en momentos serios. Pero lo que destaca es su voz, potente y con buen fraseo. La gran sorpresa es Patricia Racette, soprano subestimada pero de gran calibre. Excelente proyección de voz y gran temperamento para encarnar una Isabel sacrificada.

Los dos grandes son los rusos Dmitri Hvorostovsky y Olga Borodina. El primero, aunque no está en óptimas condiciones durante estos días, es un Rodrigo elegante e imponente, y con un timbre espectacular. Borodina arranca aplausos efusivos en la canción del velo y al final de su "O don fatale". René Pape es un rey pastoral, más parecido al rey Marke de "Tristán e Isolda" que a un Felipe, pero su interpretación de la escena que abre el cuarto acto es impecable y gusta mucho al público. Finalmente, Ramey como el Gran Inquisidor mantiene la voz potente y asentada.

Este es un "Don Carlo" que invita a verse, así como a escucharse. La cita en Filarmonía es obligada para todos los amantes de la lírica.





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