En 1825, nuestra república decidió contar con un escudo nacional que representara a la nueva nación. El presidente del Congreso Constituyente de ese momento, José Gregorio Paredes, reflexionando sobre el tema, dijo que se requería un símbolo que integrara a todos sus habitantes, porque a pesar de que estaban “unidos por una sola localidad, estaban separados inmensamente por la enorme distancia de origen y condiciones”. Es decir, éramos desde hace casi 200 años, y somos aún, un territorio con disparidades significativas.

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