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El siglo de Fernando de Szyszlo: tres homenajes para el artista que transformó la mirada del arte peruano
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Su voz era cadenciosa y proverbial. Su mirada cálida y su sonrisa asomaba con frecuencia, mientras conversaba con reposada pasión sobre arte y poesía, sobre libros, cultura y política. Fernando de Szyszlo (1925-2017) fue, ante todo, alguien que vivió intensamente su época, ese siglo XX cargado de vanguardias, utopías y sueños, pero también de grandes luchas, guerras y revoluciones que marcaron el devenir de occidente, cuyos ecos resonaron con fuerza en América Latina y en el Perú. Y Szyszlo participó activamente en esos debates desde muy joven, cuando tras un breve paso por la Arquitectura, descubrió “su camino de Damasco”, como decía, y decidió ser artista.
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Aunque nació en Barranco, un 5 de julio de 1925, las circunstancias hicieron que viviera su niñez y juventud en el barrio de Santa Beatriz, una nueva urbanización que se construía a las afueras del centro de Lima. Ahí confluyó con toda una generación de escritores, músicos y artistas, cuyos nombres resultan cruciales para entender las artes y letras de mitad del siglo XX: Javier Sologuren, Sebastián Salazar Bondy, Emilio Adolfo Westphalen, Jorge Eduardo Eielson, Paco Pinilla, Blanca Varela, las hermanas Alicia y Celia Bustamante y José María Arguedas. Todos ellos dieron, además, vida a un espacio que se convirtió en epicentro de la movida cultural limeña de aquellos años: la peña Pancho Fierro.

Este fue el ambiente en que se forjaron los asombros e inquietudes del joven Szyszlo, cuando en largas noches de charlas y bohemia, terminó de descubrir el Perú. La existencia de la cultura andina, de los retablos, de los toritos de Pucará, de los textiles y, sobre todo, de las formas y estéticas de lo precolombino, aspectos que serían cruciales en su desarrollo como artista.
El arte moderno
“Soy pintor. Esas dos simples palabras han dado sentido a mi existencia”. Con esta frase Szyszlo dio inicio a sus memorias (La vida sin dueño), publicadas después de cumplir los 90 años. En esas páginas, narra su largo recorrido vital emparejado con los grandes cambios experimentados en el Perú desde la cuarta década del siglo XX y sus esfuerzos por traer a la escena limeña el arte moderno de las vanguardias europeas, cuando aquí prevalecían todavía los vientos del indigenismo. Tiempo de posturas a veces intransigentes y de manifiestos que darían origen a la Agrupación Espacio, en 1947, y al Instituto de Arte Contemporáneo (IAC), en 1955. En la primera, se unió a un grupo de arquitectos, escritores y artistas liderados por Luis Miró Quesada para criticar la presencia de lo neocolonial en la ciudad; y en la segunda, junto con un mecenas como Mujica Gallo, organizaron charlas, debates y exposiciones, y trajeron a Lima muestras de artistas latinoamericanos como Armando Morales, Wifredo Lam, Roberto Matta, José Luis Cuevas, Sarah Grillo, entre otros.

Pero antes de todo eso estuvo París, a donde Szyszlo llegó por primera vez en setiembre de 1949. Ahí nuestro artista definió su compromiso con la abstracción, se hizo amigo de Octavio Paz, quien le presentó a André Breton, y por primera vez fue contemporáneo a todos los hombres. Luego vinieron las exposiciones en Lima, Washington, en Ciudad de México y la consagración.
Los homenajes
A cien años de su nacimiento se han organizado tres exposiciones que abordan su legado. El Centro Cultural Garcilaso, que abrió sus puertas hace 20 años, precisamente, con una muestra antológica suya, inauguró esta semana una exposición biobibliográfica del artista. Mediante la exhibición de documentos, fotografías, cartas, libros, catálogos, videos y objetos, se busca abordar “sus múltiples dimensiones”, como dice Hernando Torres-Fernández, director de la institución.
“Hay personas que son tan complejas que son difíciles de definir, Szyszlo era una de ellas —afirma—. No solo fue un artista completo, sino un hombre de inquietudes intelectuales y con una gran sensibilidad política y social. Como otros contemporáneos suyos, pudo haberse quedado a vivir en París, Londres o Washington, y hacer una exitosa carrera, pero decidió volver y vivir en el Perú. Eso es destacable”.

Torres-Fernández resalta, en ese aspecto, la gran amistad entre Szyszlo y Mario Vargas Llosa, con quien llegó a fundar el Movimiento Libertad en la década de 1990. En la exposición puede verse una entrevista que Vargas Llosa le hizo a Szyszlo, en los años 80, en su programa televisivo llamado La Torre de Babel.
Otro de los homenajes será en el Museo de Arte Contemporáneo, heredero del antiguo IAC. Aquí se inaugura la exposición Szyszlo. 100 años, que reúne diez piezas de la colección del museo. La primera es una naturaleza muerta de 1946, perteneciente a su época formativa, y la última un aguafuerte realizado en 2003. Para el curador Augusto del Valle, se trata de una muestra que busca destacar el vínculo entre el artista y la institución. En su opinión, la obra de Szyszlo llega a consolidarse en 1963 con su serie inspirada en el poema quechua traducido por Arguedas Apu inca Atawallpaman. “Si bien no tenemos estas piezas en el museo —dice—, pero sí tenemos una, en esa línea, de 1966, titulada ‘La ejecución de Túpac Amaru’, en la que busca asociar su mirada que tenía de lo abstracto hacia el mundo precolombino”.
En esas búsquedas de Szyszlo, Del Valle destaca el cortometraje Esta pared no es medianera, dirigido por el artista en 1952, a su retorno de Europa, donde se percibe la impronta surrealista que resulta interesante vincular con los postulados abstractos de su pintura. “Su interés no se basaba tanto en la pintura surrealista, sino en la teoría surrealista —explica el curador— que se fijaba en lo primitivo o lo antiguo. Para el caso peruano eso era lo precolombino, y Szyszlo lo descubre en los textiles Chancay o en la estética Chavín, Paracas, etcétera. Por eso era importante incluir esta película en la exposición para que el público pueda entender ese vínculo”.
Para Del Valle, Szyszlo fue un artista que luchó por los ideales de la modernidad, y en ese sentido es necesario regresar a su obra, sobre todo la que va de 1950 a 1970, para ver qué cosas aporta con su forma de entender lo visual.
El tercer homenaje se desarrollará entre julio y agosto, en la Galería Municipal Pancho Fierro, donde se expondrán los 40 grabados en aguatinta sobre metal que Szyszlo realizó en 1949, con tan solo s 23 años, inspirados en el Quijote. Más de siete décadas después, estos grabados volverán a ser exhibidos públicamente, gracias a la colaboración del coleccionista Horacio Rico y la recuperación de las planchas originales. Como explica Miguel Molinari, director de Cultura de la Municipalidad de Lima, esta exposición aborda un aspecto poco conocido del artista. “El mismo Szyszlo —comenta— se mira en el espejo del Quijote y se representa a sí mismo como caballero andante”.
Se trata de tres maneras de acercarse a la obra de un artista que hizo de la abstracción una especie de religión laica, como un encuentro cotidiano entre la materialidad del color y la forma para iniciar la incansable búsqueda del cuadro perfecto.
-Muestra biobibliográfica Szyszlo centenario: en el Centro Cultural Inca Garcilaso (jr. Ucayali 391, Lima). Hasta el 28 de agosto. Horario: martes a viernes, de 10:00 a.m. a 8:00 p.m.; y sábados, domingos y feriados, de 10:00 a.m. a 6:00 p.m. Ingreso libre.
-Szyszlo. 100 años: en la sala 1 del MAC Lima (av. Miguel Grau 1511, Barranco). Del 25 de junio al 3 de agosto. Horario: martes a viernes, de 10:00 a.m. a 7:00 p.m. Entradas en www.maclima.pe o en la taquilla del museo.
-Visiones del hidalgo: Szyszlo frente al Quijote: en la Galería Municipal Pancho Fierro (Pasaje Santa Rosa 116, Lima). Del 5 de julio al 13 de agosto. Horario: lunes a domingo, de 10:00 a.m. a 7:00 p.m. Ingreso libre.








