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Resumen

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Alonso Cueto escribe sobre las fiestas de fin de año.
Alonso Cueto escribe sobre las fiestas de fin de año.
/ Stefano Bianchetti
Por Alonso Cueto

Hay dos tipos de personas entre quienes pueden celebrar las fiestas de fin de año. La primera es la de quienes se deleitan en las preparaciones. Hacen la lista de invitados, los convocan, seleccionan lo que se va a servir, a qué hora deben reunirse, a ver qué les parece, vénganse pues. Con frecuencia estas personas se enfrentan con problemas que resuelven entusiasmados. Por ejemplo, escoger entre los invitados a quienes hay que incluir y a quienes excluir. Si invitamos a José, entonces no puede venir María. Es por el problema que tuvieron hace unos años. Pero si le decimos a Vanessa, entonces también hay que decirle a Beto. No vaya a resentirse, me entienden ustedes. Que alguien se entere que no fue invitado a una reunión, es una de las causas de ofensa, en las relaciones del afecto que se mantienen en nuestras sociedades. Las personas que gozan preparando las reuniones no se arredran ante estos problemas. Escogen con un arte consumado a quiénes invitar, preparan frases como “somos pocos, solo los amigos más cercanos” y otras mentiras que los invitados no creen pero que se sienten halagados de escuchar. Los días antes de Navidad o de Año Nuevo estas personas están haciendo listas, buscando regalos, preparando los materiales para el fuego.

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