En el 2011, el francés (París, 1967) sorprendió al mundo con “El artista”, una película silente y en blanco y negro que le rendía tributo al cine de Hollywood de los años 20. La cinta se convirtió en un fenómeno mundial y coronó su largo y exitoso periplo con el Óscar a la mejor película en 2012. Pero Hazanavicius ya tenía unas cuantas películas antes y ha filmado unas cuantas más después. La más reciente se llama “La carga más preciada” (2024) y es su primera incursión en el formato animado, que él utiliza para contar una trágica historia ambientada en el Holocausto. Es con esa película que el director de 58 años llegará a Lima para participar en la decimotercera edición del Festival de Cine Francés, como invitado especial de la Embajada de Francia en el Perú. Antes de su visita, conversamos con él.

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–¿Por qué elegiste contar esta historia desde la animación?

Aquí en Europa, los campos de exterminio y el genocidio contra los judíos fueron una experiencia muy traumática, y la pregunta sobre cómo representar este episodio es importantísima. En otros países, como en Japón, no ocurre lo mismo con tragedias de ese tipo, pero en Europa la representación de este tema sí es una cuestión sumamente compleja. Y para mí era muy difícil imaginar y contar esta historia con actores. Justamente porque están actuando, están fingiendo, y hay algo que puede ser un poco obsceno en ello, en específico con este tema. La animación, en cambio, es diferente. La animación sugiere, es una representación artística, una evocación de lo que fueron los campos de concentración. No es una mímica del sufrimiento o de la desesperación de estas personas. Por eso la animación me pareció la mejor herramienta. Porque, además, genera una distancia. No es una experiencia frontal, no trata de ser realista.

–Es, por supuesto, una película sobre la violencia, el racismo, la segregación. Problemas que han vuelto a la palestra en el mundo de hoy, ¿no?

Yo no soy muy optimista respecto al futuro de las democracias. Me da la impresión de que incluso la gente que vive en países democráticos ha empezado a sentir una especie de fatiga del sistema. Y se enfocan en lo que no funciona de la democracia, olvidándose de que no hay ningún sistema absolutamente igualitario, lamentablemente. Siempre hay injusticia, desigualdades. Ninguna democracia es perfecta, pero por lo menos intenta crear una vida decente para la mayoría de las personas. Esa es mi sensación, pero al parecer mucha gente no piensa de esa manera. Esa es la razón por la que no me siento optimista al respecto.

–Francia, en particular, también se ha visto afectada. Tenemos la idea de que se trata de una nación progresista, pero en los últimos años han aparecido varias amenazas antidemocráticas.

Sí, supuestamente somos un país progresista, abierto, la nación de los derechos humanos, etc. Pero la realidad es que existen unas corrientes opositoras muy fuertes que atentan contra la misma democracia. Lo que pasó hace unos meses en Estados Unidos era inimaginable unos años atrás. ¿Quién pudiera haber imaginado que un país así podría tener esa clase de presidente? Y en Francia tampoco hemos podido encontrar una vacuna para esa enfermedad. Las democracias están enfermas y no tenemos hasta el momento la cura.

Michel Hazanavicius llegará a Lima junto a la actriz franco argentina Bérénice Bejo. (Foto: Getty Images)
Michel Hazanavicius llegará a Lima junto a la actriz franco argentina Bérénice Bejo. (Foto: Getty Images)
/ Stephane Cardinale - Corbis

–Volvamos a la película. En tu cine abundan las referencias fílmicas: las cintas de espionaje en la saga “OSS 117”, las películas mudas en “El artista”, e incluso el ‘remake’ que hiciste de la película de zombis japonesa “One Cut of the Dead”. ¿Cuáles serían las referencias en “La carga más preciada”?

En esta película en particular no hay tantas referencias de ese tipo, aunque siempre hay un punto de partida. En “El artista” yo quería trabajar específicamente en el formato del cine silente y en blanco y negro, así que imaginé la historia de un actor de esa época, y con eso se justificaba el formato. Para “OSS 117” fue diferente porque allí todos los personajes estaban llenos de clichés, y la película es una parodia de esos clichés. En “La carga más preciada” el punto de partida fue el libro escrito por Jean-Claude Grumberg. Él escribió esta historia como un cuento clásico, y cuando yo la leí, inmediatamente supe que quería recrear esa sensación mediante una animación clásica también. Cuando piensas en eso, lo primero que te viene a la mente son las viejas películas de Disney como “Blancanieves” o “Pinocho”, pero me di cuenta de que era un estilo demasiado infantil para esta historia. Así que me remonté más atrás, a la pintura clásica francesa del siglo XIX; luego me topé con los grabados japoneses, Hiroshige, con sus colores sólidos, sus líneas negras, que realmente puedes animar. Mezclé ambas cosas y me recordó la corriente del japonismo, cuando en el siglo XIX los pintores franceses comenzaron a descubrir el arte japonés y produjeron muchos grabados e ilustraciones para libros. Así que por eso diría que las referencias para esta película no fueron cinematográficas, sino más bien ligadas a la pintura y la historia del arte.

–Me pareció muy conmovedor escuchar la voz del gran Jean-Louis Trintignant. ¿Qué nos puedes contar de esa colaboración?

Para mí fue un privilegio y un honor trabajar con él. Él ya era muy mayor cuando lo llamé con la propuesta. Yo no lo conocía. Estaba enfermo, pero pude contarle un poco sobre la historia. Me dijo que le enviara el guion y fue su esposo quien se lo leyó, porque él no podía, estaba ciego. Al tiempo me devolvió la llamada y me dijo que la historia lo había conmovido. Que a pesar de que ya no quería trabajar, sí haría lo que le pedía [ser la voz del narrador de la película]. Él sabía que sería su última película, y yo también lo sabía. Conversamos mucho, fui a visitarlo al sur de Francia, y le tomó más o menos dos meses aprenderse el texto que le di. Un día me dijo que estaba listo, así que con el productor volvimos a la ciudad donde vivía y alquilamos un estudio de grabación. Fue una sesión realmente conmovedora. Porque Jean-Louis no fue solo un gran actor y no solo tenía la voz más hermosa del cine francés, sino que era una persona maravillosa. Y fue emocionante escuchar a este hombre mayor leer un texto escrito por otro hombre mayor como Jean-Claude Grumberg; un texto, además, dirigido a niños y niñas. Fue una especie de legado moral.

–Quisiera referirme a “El artista” para preguntarte por la relación que históricamente ha existido entre el cine francés y el cine de Hollywood. A pesar de todas sus diferencias, siempre ha habido un vínculo especial. ¿Te parece que se mantiene hasta hoy?

En Francia tenemos un muy buen sistema de financiamiento del cine, lo que significa que podemos hacer muchas películas, y muy diferentes entre sí. Desde películas de industria, muy básicas, hasta otras quizá más artísticas. El cine siempre se basa en el balance entre el arte y la industria. Y gracias al sistema francés es que podemos tener películas más artísticas. Aparte de eso, algo que ocurrió es que luego de la Segunda Guerra Mundial, la cultura estadounidense estuvo muy presente aquí en Europa y nosotros tomamos mucho de ellos. Y durante la época de la ‘nouvelle vague’ francesa, muchas cosas también cambiaron. Los cineastas de la generación de Scorsese, Coppola o Spielberg conocían a los cineastas de la ‘nouvelle vague’; y estos a su vez miraron mucho el cine de John Ford, de Howard Hawks, de Hitchcock… No es lo que los descubrieron, pero sí los reconocieron como grandes autores. Eso es algo que Hollywood nunca hizo. Los veían como directores importantes, que hacían dinero; pero aquí en Francia los miramos de forma diferente, como verdaderos autores. Por eso creo que, aún hasta hoy, para un cineasta estadounidense significa mucho ser celebrado en Francia. Y para nosotros, ganar un premio o ser apreciados en los Estados Unidos también es muy importante. Son puentes que aún existen.

–“El artista” ganó el Óscar a mejor película y, en general, se convirtió en la película francesa más premiada de todos los tiempos. El éxito es indiscutible, por supuesto. ¿Pero puede tener ese éxito una parte menos grata quizá?

Mira, básicamente, la historia de “El artista” es una gran historia. Una que se la recomendaría a cualquier cineasta del mundo. Si alguien quiere darte un Óscar, ¡tómalo! [risas]. Claro que también tuvo algunos efectos adversos, pero realmente no me importaron mucho. Había personas que pensaban que yo no merecía ese premio, que era demasiado. Hubo mucha gente celosa, pero a mí no me importaba… Hubo críticos y periodistas franceses que querían que yo regresara a Europa. “Tú no eres Orson Welles”, parecían decirme. Y por supuesto que yo sabía que no era Orson Welles. Pero imagino que para ellos resultaba importante recordármelo. Más allá de eso, lo verdaderamente importante para mí era continuar, hacer películas, seguir sintiendo el placer de hacer cine. Y eso no tiene que ver con los premios, tiene que ver con la pasión.

–Has trabajado en más de una película con tu esposa Bérénice Bejo como protagonista. ¿Crees en esa vieja idea de la musa artística?

No, no la considero mi musa. En primer lugar, porque no me gusta esa relación, no me parece una relación justa, equitativa. Da a entender que yo, como director, puedo manipularla como una marioneta. Y no es el caso. Aquí, entre nos, te confieso que la marioneta soy yo [risas]. Pero hay algo más: debo admitir, y eso es algo que Bérénice me ha dicho también, que yo escribo sobre todo para personajes masculinos. Cuando escribo un guion o elijo una película, no sé por qué, pero me siento más cómodo con protagonistas hombres. Quizá eso cambie a futuro, pero hasta el momento siempre ha sido así. Así que no, no diría que ella es mi musa, nunca me gustó el concepto. Nosotros empezamos a trabajar juntos hace 20 años, mucho antes de la aparición del #MeToo y todo ello, e incluso en esa época, cuando alguien se refería a ella como mi musa, tenía que decir que no, que nunca lo fue.

SEPA MÁS

El Festival de Cine Francés es organizado por la Embajada de Francia, el CCPUCP y el Ministerio de Cultura. Se celebrará del 1 al 11 de mayo, con más de 40 películas, y en 17 sedes de diferentes ciudades del Perú.


La cinta "La carga más preciada", de Michel Hazanavicius, se proyectará en la inauguración del festival, y posteriormente se estrenará en salas de cine locales, el 8 de mayo.


Hazanavicius ofrecerá una clase maestra el miércoles 7 de mayo a las 11 a.m., en el CCPUCP. El ingreso es libre y por orden de llegada, hasta agotar el aforo


La clase maestra de Bérénice Bejo será el martes 6 de mayo a las 11 a.m., en la Alianza Francesa de Miraflores. Hay que inscribirse previamente en este enlace: https://bit.ly/3GoWKfs

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