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“Weapons” o “La hora de la desaparición”: ¿quién se llevó a los niños?
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Aquí un ejemplo de esas películas de premisa simple, pero magnética: en un suburbio estadounidense, una misma noche desaparecen 17 estudiantes de un mismo salón de clases. La situación es idéntica en cada caso: en medio de la madrugada, los niños despiertan y salen corriendo de su casa en dirección desconocida. Al día siguiente, sus padres se dan con la desconcertante noticia y con un detalle que los alarma aún más: solo un alumno del salón de 18 niños permanece sano y salvo.
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“La hora de la desaparición” (“Weapons” es su título original) es narrada a partir de diferentes puntos de vista (de manera similar a como lo hace la película de Kathryn Bigelow que comentamos hace un par de semanas, “Una casa de dinamita”: mediante el efecto Rashomon). Así, la cinta sigue a la profesora del aula, a un policía que se verá indirectamente involucrado en la investigación, al padre de uno de los escolares perdidos, entre otros. A todos los une el ánimo crispado, una tensión conflictiva que los pone al límite de la violencia, y que irá enrareciendo más y más su convivencia.
El personaje de la profesora, interpretada por Julia Garner, es especialmente interesante. Señalada por su conducta privada, hostilizada por los padres que la creen sospechosa de la desaparición colectiva, la maestra se convierte en objeto de los miramientos y la intriga. Son muy logradas aquellas secuencias –sobre todo al inicio de la película– en las que la cámara la sigue de espaldas, casi prendida de su nuca; la sensación de persecución y de misterio que le imprime esos encuadres marcan el tono de una cinta que no necesita mostrar demasiado ni explotar gestos desgarradores o gritos destemplados.
La excepción, que sirve como contrapeso a lo ya dicho, es el personaje de la tía Gladys (encarnado por Amy Madigan). Es la típica presencia siniestra y retorcida, que se mueve entre el terror y la comedia, y que se ha convertido en una de las apariciones más comentadas del año en Hollywood. Su intervención en la trama no solo es clave argumentalmente, sino que altera su tono, incomoda la mirada, sacude a la cinta de su aparente “normalidad”.
Zach Cregger, quien ya había mostrado su habilidad para el género en el 2022 con “Barbarian” (sobre una joven que se ve obligada a compartir un hospedaje con un extraño en extrañas circunstancias), vuelve aquí a mostrar su destreza para la creación de atmósferas ominosas, sustos calibrados y nunca gratuitos, y un clásico y a la vez sofisticado uso de la penumbra como elemento de intimidación. A todo lo cual le agrega un desenlace intrépido y cinematográficamente muy bien diseñado. Sobre él no revelaremos nada por obvias razones, pero sí podemos adelantar que es bastante disfrutable
Calificación: 4 de 5.







