El título de esta columna vino a mi mente luego del espectacular triunfo de Zohran Mamdani, un joven ugandés hijo de padre musulmán y madre punjabi, en las recientes elecciones por la alcaldía de Nueva York. “Cantos democráticos” proviene de un ensayo histórico de Sean Wilentz sobre el capitalismo y la democracia en tiempos de transición. Wilentz identifica una cultura urbana surgida a partir de las crecientes tensiones sociales en la Norteamérica de la industrialización temprana. Y es justamente dicha cultura, transitando entre el pasado y un futuro incierto, la que inspirará mucha de la obra de Walt Whitman, cuya frase Wilentz tomó prestada para su fascinante libro. No hay que olvidar que Whitman, declarado el poeta de América, no solo afirmó que Nueva York era la más radical de las ciudades estadounidenses, sino que representó, tanto en sus escritos como en su vida personal, las tensiones experimentadas por un artista neoyorquino en el temprano siglo XIX.
En ese contexto y con la finalidad de entender a un sector social que navegó las tormentosas aguas del capitalismo en expansión, Wilentz da cuenta de la trayectoria de la “república artesanal”. De corte corporativo y con antecedentes en el siglo XVIII, el gremio de artesanos de Nueva York debió enfrentar inmensos desafíos que venían acompañados de una rígida estratificación social. La visión del artesano sintonizaba más bien con los valores igualitarios de una democracia radical que, sin negar los derechos individuales, intentaba fusionarlos con los de una ciudadanía, responsable del bienestar comunitario.
El mérito de Wilentz es su análisis de la cultura política de hombres independientes y competentes cuya “industria” consistió en la búsqueda de la felicidad, no solo en términos individuales, sino de aquello que la primera generación de republicanos norteamericanos, y también peruanos, denominó el “bien común”. Esta idea clave vino acompañada, como lo sugiere el profesor de Princeton, de otras inherentes al temprano y vibrante republicanismo norteamericano. Austeridad, autonomía, evangelismo, socialismo, capitalismo o deísmo son algunos de los ingredientes conceptuales de esa inmensa “caldera” que, de acuerdo con Wilentz, nutrió a la poesía de Whitman y, con ello, los sueños de sectores sociales amenazados por los “nuevos tiempos”.
De los mismos, pero en otro siglo y contexto, trató una de las conversaciones entre Zohran Mamdani y el senador Bernie Sanders, quien fue alcalde en Vermont, un estado que no solo decretó tempranamente la abolición de la esclavitud, sino que se declaró una república independiente, a inicios de la guerra revolucionaria. Con una trayectoria política y un gran conocimiento de la historia norteamericana, el demócrata disidente señaló que el verdadero radicalismo consiste en resolver las necesidades reales de la ciudadanía. De ahí su recomendación de volver a tejer los lazos comunitarios, ahora desgarrados por los desafíos de una sociedad golpeada por sucesivas crisis, entre ellas la sanitaria desatada por el COVID-19. Porque si bien es cierto que Mamdani deberá confrontar los límites de su política de “accesibilidad” a los servicios básicos (salud, transporte y vivienda) en el Concejo Municipal de Nueva York, para Sanders una de las claves de la política, en el largo plazo, es restituir el valor de lo comunitario y lo público. Y qué mejor manera de hacerlo que desde el gobierno municipal de una ciudad como Nueva York, donde resulta, más que obvio, que este experimento político tiene muy poco que ver con el “comunismo” (sic) y mucho más con el regreso de un republicanismo municipal, que debió ser radical para ganar la lealtad de todos los que pelearon contra el imperio más poderoso del planeta. Porque lo que estaba en juego hace ya casi 250 años y ahora es una libertad, entendida no solo en términos abstractos, sino de mejoras materiales.
En plena crisis de los paradigmas políticos, la noción de ciudadanía y bien común, defendidos hace ya varios siglos por la república artesanal de Nueva York, reaparece para colocar sobre la mesa temas fundamentales, entre ellos la ciudadanía activa y la alegría que produce trabajar por el bienestar de la comunidad. A propósito de ello, Sanders le recordó a Mamdani cómo, durante su campaña municipal, él se embarcó en un proyecto de siembra de centenares de árboles en los vecindarios, de apoyo a las bandas musicales y equipos de béisbol escolares, entre otras actividades más que conectaban a los vecinos en la forja de una identidad colectiva. Volver a lo básico, cuidarnos entre humanos, parece ser una estrategia sensata para superar una era de ambición y violencia incontenible.
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