Una quebrada sin limpiar es hoy un problema de presupuesto. En febrero puede ser una casa perdida. Esa es la diferencia entre prevenir y reaccionar, y millones de peruanos votarán hoy sin pensar en este riesgo.
Las autoridades electas asumirán a inicios del 2027, cuando el Enfen proyecta un Niño de fuerte a extraordinario entre octubre y febrero, con efectos que podrían extenderse hasta mayo. Y heredarán un Estado que gasta tarde y mal.
No es una exageración. En los tres últimos períodos municipales, los alcaldes dejaron sin gastar S/114.000 millones destinados a inversión; con ese dinero podría haberse construido casi un centenar de hospitales de alta complejidad y más de 2.000 colegios. El promedio de ejecución no pasó del 63%. Y a julio de este año había casi 20.000 proyectos públicos con cero soles gastados, la gran mayoría en manos de gobiernos locales. Detrás de cada cifra hay una pista, un puesto de salud o una escuela que alguien esperaba.
Ahora hay que sumar los efectos de El Niño. A fines de julio, la contraloría encontró más de 300 municipalidades que habían gastado menos del 40% de lo asignado para reducir su vulnerabilidad; 109 no habían gastado nada. ¿Y dónde está la plata? En las cuentas. La respuesta de muchas autoridades es que todavía no hay emergencia. Pero la prevención solo sirve antes del desastre, no después. Mientras tanto, Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad siguen sin sistema de drenaje fluvial, y más de la mitad de los municipios del país tiene baja capacidad de respuesta: faltan brigadas, faltan almacenes, falta ayuda humanitaria.
Y no es solo cuestión de plata. Pesan la falta de equipos técnicos, la rotación de funcionarios, las normas cambiantes, las carteras de proyectos imposibles de ejecutar –San Marcos llegó a programar más de 1.000– y, a veces, la corrupción. Tampoco es un problema solo de abajo: en agosto, hasta los ministerios del Interior y de Defensa, el Indeci y los bomberos iban rezagados en prevención, y el proyecto de drenaje de Piura a cargo de la ANIN seguía en estudios técnicos. Sin coordinación entre el MEF, los sectores y los gobiernos subnacionales, el alcalde más capaz se estrella contra el trámite.
El primer año de gestión suele ser el de la curva de aprendizaje para las autoridades. Esta vez no habrá ese lujo: los nuevos alcaldes y gobernadores recibirán la llave del despacho con la lluvia ya en camino, y la gente no distinguirá entre inexperiencia y negligencia.
¿Qué exigirles, entonces? Cuatro cosas. Primero, un equipo técnico listo antes de asumir: nadie aprende a gastar en medio de la emergencia. Segundo, una cartera corta de proyectos, con la prevención al frente: quebradas limpias, drenaje, almacenes equipados. Tercero, coordinación desde el primer día con el MEF, el Indeci y los sectores, con convenios y asistencia técnica; y que el Gobierno Central haga su parte, incluida la flexibilidad para reorientar recursos. Cuarto, calidad del gasto: no se trata de ejecutar por ejecutar, sino de que la obra funcione, llegue a quien la necesita y pueda fiscalizarse con datos abiertos.
Este domingo no se elige solo a un candidato: se elige a quien le tocará gastar bien cuando lleguen la lluvia y los huaicos. Antes de marcar, vale preguntar cuánto gastó, cuánto dejó sin gastar y qué obras terminó. Esa respuesta pesa más que cualquier promesa de campaña.