Historia de un jardín

“El problema era que allí donde mi mamá veía un huerto sagrado, un parque natural, un preciado vivero que había que abonar y proteger con absoluto celo ecologista, yo veía una magnífica cancha de fútbol”.

    Renato Cisneros
    Por

    Escritor y periodista

    rcisneros@comercio.com.pe

    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    Ilustración: Composición GEC
    Ilustración: Composición GEC

    Mi pasado está lleno de jardines. No tanto de jardines públicos, como sí de jardines caseros: con su flora variada y aromática, con su fauna de petirrojos, grillos y chanchitos de tierra. Tengo como inolvidable, por ejemplo, el jardín de mi abuela, la Mamina, la madre de mi padre, ama y dueña del primer piso de la casa miraflorina donde crecí. Mis recuerdos de entonces son borrosos, pero en mi mente ella aparece –cabeza cana, gruesos anteojos, vestido negro, chancletas– sacudiendo una manguera entre geranios, helechos, enredaderas. A su costado, Tembo, el perro –puedo verlo– husmea y arranca puñados de pasto con el hocico.

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