Al país le iría mucho mejor si el Estado Peruano asumiera como lema la consigna de la Escuela de Comandos del Ejército: “Ser y no parecer”. Seguir este principio es aún más importante en materia fiscal, donde es imprescindible que las autoridades generen una sólida consistencia entre lo que se dice y lo que se hace para asegurar que los escasos recursos de los peruanos se manejen de manera cuidadosa y sostenible.
Contrario a este principio, el ministro Raúl Pérez-Reyes le acaba de dar una estocada mortal a la ya reducida capacidad del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) para resistir las tentaciones de gasto al interior y al exterior del Ejecutivo.
La aprobación del incremento de sueldo del presidente de la República en 120%, fundamentado en argumentos bastante enclenques preparados por el propio MEF, le quita aún más poder institucional a la máxima autoridad en materia fiscal para oponerse eficazmente a normas despilfarradoras del Congreso o a exigencias presupuestales de los gobiernos subnacionales.
¿Con qué autoridad moral, mañana más tarde, el MEF va a cerrar la puerta a pedidos de aumento de sueldo para los maestros, los doctores, otros funcionarios y para los propios parlamentarios?
El problema es que Pérez-Reyes no tiene ninguna intención de resistirse a estas presiones. Abogó, con entusiasmo, por la ley que afecta la recaudación del IGV y ahora está proponiendo incrementar el presupuesto público para este año en S/1.300 millones a través de un crédito suplementario, pese a que debería estar haciendo lo contrario para mejorar los indicadores de la salud fiscal, como el déficit y la deuda, que están muy deteriorados.
El debate sobre cuánto deben ganar los funcionarios es complejo. Muchos de los que se opusieron en el 2006 a la intención del entonces presidente Alan García de reducir significativamente su sueldo y el de los ministros y viceministros argumentaban que estos salarios deberían permitir al Estado Peruano competir por talento con el sector privado.
Este argumento sigue siendo válido, por ejemplo, en el caso de los funcionarios del Banco Central de Reserva, la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP, la Superintendencia del Mercado de Valores, los organismos reguladores y todos aquellos espacios en los que se requiere a profesionales con altas capacidades técnicas.
Por el contrario, con su trágico desempeño en el MEF, Pérez-Reyes más bien podría estar alimentando el argumento de que podríamos recortar los salarios de los ministros, dado que es difícil pensar que alguien lo vaya a querer contratar en el futuro.
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