La semana pasada, comentaba sobre los sucesos recientes en Venezuela, y señalaba que resulta imprescindible considerar la nueva estrategia de seguridad para Estados Unidos y el “corolario Trump”, donde se declara al hemisferio occidental como espacio de preeminencia de Estados Unidos, desde la cual resultan ahora verosímiles intervenciones militares en Colombia, Cuba, México o Groenlandia. Segundo, que la caída de Maduro no necesariamente está asociada a un proceso de democratización en Venezuela; y tercero, que la gran interrogante es qué tipo de negociación se estaría dando y qué tipo de concesiones considerará Trump aceptables de parte del nuevo gobierno venezolano.
Un autor útil para pensar en estas últimas cuestiones es el politólogo polaco Adam Przeworski, quien ha dedicado parte importante de su obra a reflexionar sobre los procesos de transición de regímenes autoritarios a democráticos, desde una perspectiva “realista”, que enfatiza los cálculos estratégicos de las élites políticas. Desde este ángulo, podría decirse que Maduro enfrentó un dilema ante las presiones iniciales de Trump: entrar a un proceso de negociación y eventualmente perder el poder o hacer concesiones significativas; o atrincherarse, elevar los costos que podría tener una intervención militar, y al final salir fortalecido. Maduro parecería haber confiado en su control interno (la presión estadounidense inicial no desencadenó ninguna insubordinación o colapso interno del régimen) y en que Trump estaría solamente “blufeando”. Como sabemos, Maduro está pagando muy caro sus errores de cálculo: Trump no blufeaba, y la capacidad de Maduro de resistir militarmente no era tal.
Delcy Rodríguez y quienes ahora lideran el gobierno en Venezuela han encontrado inesperadamente una situación relativamente estable por el momento: el poder del régimen se mantiene prácticamente intacto, pero están forzados a hacer concesiones, donde el precio a pagar parece pequeño a cambio de mantenerse en el poder sin cuestionamientos mayores. Hasta el momento las concesiones pasan por aceptar cambios en la comercialización del petróleo, en abrir espacios muy favorables para empresas estadounidenses, y en la liberación de un grupo de presos políticos.
La gran pregunta es qué puede venir en las próximas semanas. Un escenario sombrío es el mantenimiento indefinido del statu quo, o el de una liberalización con control del régimen. Es decir, uno en el que Rodríguez se mantiene en el poder hasta el 2030, hasta el término del mandato de Maduro iniciado en el 2024, pero bajo el compromiso de tener un proceso de democratización institucional gradual y pactado. A favor de este escenario juega el hecho de que solo un tercio de estadounidenses aprueba la intervención en Venezuela, y que más de un 70% teme que ella conduzca a una intervención excesiva o prolongada; consideraciones claves pensando en las elecciones legislativas a inicios de noviembre en Estados Unidos.
El otro escenario es el de una democratización más rápida, donde el régimen actual abandona el poder, a cambio de algunas garantías mínimas. ¿Pronto? ¿El 2027 dependiendo del resultado de las elecciones legislativas? En cualquier caso, esto requiere nuevamente un redoblamiento de la presión militar estadounidense, con amenazas de una nueva ola de ataques, posibles capturas o asesinatos selectivos. Ante este escenario, el régimen enfrentaría el mismo dilema de Maduro: atrincherarse e intentar elevar los costos para Trump, o simplemente aceptar la derrota. Todo parece depender de hasta dónde esté dispuesto o interesado Trump en presionar.
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