Esta semana, el Congreso cometió, como dijimos, una irresponsabilidad francamente imperdonable al elegir a José María Balcázar (Perú Libre) –un legislador con un nutrido expediente judicial, cercano al prófugo Vladimir Cerrón y al golpista Pedro Castillo, y defensor de esa aberración llamada matrimonio infantil, entre otros cuestionamientos– como titular de su Mesa Directiva y, por extensión, encargado de la Presidencia de la República. Pasarán décadas y el episodio seguirá provocando náuseas.
Sin embargo, sería injusto decir que los 113 legisladores que definieron la votación del miércoles –los que no asistieron o, peor aún, se retiraron porque su candidato fue el menos votado tendrán que rendirle cuentas al país más temprano que tarde– son igual de responsables. Como cualquiera puede corroborar, los votos del partido de Balcázar y de las bancadas afines no corresponden con los 64 apoyos que recibió en las urnas. Hay una veintena de votos ocultos de los que las bancadas de centro y de derecha han tratado de zafar. No obstante, fuentes de este y otros diarios aseguran que el elemento clave en la elección del hoy mandatario fue el partido de César Acuña, Alianza para el Progreso (APP), y sus 17 legisladores en el hemiciclo.
Una y otra vez, Acuña ha demostrado que no tiene bandera ni principios definidos, y que suele moverse con los vientos dependiendo de lo que más le convenga (a él y a sus negocios). En octubre del 2021, por ejemplo, cuando el gobierno de Pedro Castillo ya había dado varias muestras de incompetencia y autoritarismo, Acuña salió a decir que APP lo apoyaba “en todo, menos en la asamblea constituyente”. Y, tras la caída del golpista, su partido mudó de ropas rápidamente para convertirse en la verdadera bancada oficialista de la administración de Dina Boluarte, a la que sostuvo con engalanados discursos de “estabilidad” y “gobernabilidad”, mientras manejaba los ministerios de Transportes y Comunicaciones, y Salud.
En ese orden de cosas, que APP haya apoyado a Balcázar a cambio de mantener el control de carteras claves no constituiría una sorpresa. Sería, más bien, la enésima constatación de que a Acuña poco le importan el país y los peruanos, siempre y cuando su partido continúe manteniendo cuotas de poder. Y, en esa línea, el comunicado de APP de ayer, en el que le echan la culpa a Renovación Popular de haber votado por Balcázar al tiempo que se limpian las manos, exuda cinismo puro y duro.
Seguramente, hay varios políticos responsables de haber llevado al país hasta este punto en el último quinquenio. Pero pocos lo son más que César Acuña.