Confinados antes del virus, por Enrique Planas

“Aislarnos tiene un precio y se paga en incómodas cuotas de fobia y pánico

    Enrique Planas
    Por

    Redactor de Luces y TV+

    enrique.planas@comercio.com.pe

    "La aversión al contacto se normativiza y se desacredita toda práctica que implique cuerpos relacionándose a una distancia menor al metro y medio". (Foto: GEC)
    "La aversión al contacto se normativiza y se desacredita toda práctica que implique cuerpos relacionándose a una distancia menor al metro y medio". (Foto: GEC)

    Muchos años antes de la primera noticia sobre el COVID-19 ya vivíamos pertrechados en casa. Fue una decisión casi inconsciente, empujados por la falta de seguridad. Quizás empezó con la multiplicación de las rejas para aislar fachadas y calles enteras. Luego, tecnologías más sofisticadas nos permitieron estar disponibles y seguros sin necesidad de cargar con el trámite que supone nuestra presencia: el celular, las redes sociales, las aplicaciones bancarias, el delivery. No faltó el profeta que vaticinó que aquello nos traería una profunda soledad, y vaya que –pandemia mediante– hoy todo eso nos resulta información obvia y releída.

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