Rutinas

“Me hace falta el sol que recaliente la obsesión por encontrar un tema nuevo”.

    Enrique Planas
    Por

    Redactor de Luces y TV+

    enrique.planas@comercio.com.pe

    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    Ilustración: Giovanni Tazza
    Ilustración: Giovanni Tazza

    Mi tío tenía una lavandería. Necesitado de dinero, le pedí trabajo para atender tras el mostrador. Yo tenía 15 años entonces. Temprano, llegaban al local los empleados: las lavanderas intercambiaban risas, el responsable de la plancha de vapor no cruzaba palabra con la señora de los despachos. Luego llegaba él, con un manojo de llaves que cascabeleaban en su mano. Ver a mi tío quitar con dificultad los candados era la rutina del inicio de jornada: desarmaba los topes, abría la estrecha puerta y entraba encorvándose, cuidando de no golpearse la cabeza. Segundos después, como un escuálido Hércules de una Lima ochentera, estiraba los brazos por sobre su calva para plegar la reja mientras su mecanismo gemía con un oxidado “traca-traca-traca”. Luego lo veíamos sacar paneles publicitarios y asegurarlos con macetas colocadas sobre sus bases como contrapeso. El barrido de la acera se lo dejaba a alguna de las lavanderas, porque el final de su ceremonia de apertura constituía su caminar directo hacia la oficina del fondo, atravesando un pasadizo flanqueado de apelmazadas prendas por lavar.

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