Estrategias para armar una plancha presidencial [INFORME]
Estrategias para armar una plancha presidencial [INFORME]
Por

Los partidos políticos que aspiren a la deberán presentar a sus respectivos candidatos para formar la plancha presidencial.

Algunos ya hicieron pública su decisión. Por ejemplo, , precandidato de Alianza para el Progreso, tendrá a Humberto Lay, de Restauración Nacional, a su lado durante la campaña.

Si bien una buena plancha no garantiza que un candidato gane las elecciones, una acertada decisión sí puede traer réditos políticos. A su vez, una inadecuada elección puede terminar ‘quemando’ al aspirante a la presidencia.

Por ello, para preparar la plancha se necesita prestar especial atención al recetario, evitando así olvidarse de algún ingrediente.

EL RECETARIO

¿De qué está hecho un buen candidato presidencial?

PAN Y VINO
Según Fernando Tuesta, ex jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y analista político, al momento de elegir a su vicepresidente, un candidato debe buscar una figura que compense posibles puntos débiles. “Esto es clave para tener un as bajo la manga cuando se cuestionen las capacidades del candidato”, sostiene.

En más de un caso, esto ha tenido que ver con la edad. Para las elecciones de 1985, por ejemplo, un jovencísimo (36 años) estuvo acompañado por Luis Alberto Sánchez (84 años), destacado intelectual de la época y figura prominente del Partido Aprista.

Esta semana la edad ha vuelto a tomar un papel protagónico a poco de la inscripción, aunque esta vez no por la juventud del candidato: analistas coinciden en que, debido a su edad, Pedro Pablo Kuczynski (77) necesita escoger muy bien a quien tendría que sucederlo si se viera imposibilitado de seguir ejerciendo su cargo.

AGUA Y ACEITE
Otro punto clave es que los vicepresidentes deben dar una imagen de coherencia con las propuestas del candidato. Para Arturo Maldonado, politólogo especialista en elecciones, la formación muy forzada de una plancha puede generar una reacción negativa en los ciudadanos.

Paula Muñoz, catedrática e investigadora de Ciencias Políticas de la Universidad del Pacífico, da un ejemplo de lo anterior. En las elecciones del 2001, Lourdes Flores fue cuestionada por haber elegido a dos personas con perfiles muy distintos para su plancha. Por un lado estaba Drago Kisic, figura del sector empresarial, y por el otro, José Luis Risco, dirigente sindical de izquierda. “Se la tildó como la ‘plancha Benetton’ y sus adversarios políticos decían que fue armada para la foto”, señala.

Según encuestas de Apoyo de la época, desde febrero (fecha inmediatamente posterior a la presentación de la plancha) hasta abril, Lourdes perdió la ventaja de diez puntos porcentuales, que la situaba cómodamente en el segundo lugar, y no pasó a la segunda vuelta. Si bien diversos motivos pueden explicar esta caída, varios expertos consultados coinciden en que la elección de esta plancha fue un importante factor.

En el 2006, Lourdes eligió a Arturo Woodman, empresario ligado al Grupo Romero, y fue visceralmente atacada por ser la “candidata de los ricos”. También quedó estigmatizada por el resto de las elecciones.  

INGREDIENTES DE TODOS LOS RINCONES
Además de las capacidades, otro factor que puede tener un impacto positivo en el candidato es la procedencia de los integrantes de la plancha. En un país donde dos tercios de los peruanos viven fuera de Lima, un candidato de provincia puede dar un mensaje de articulación y descentralismo.

Para Muñoz, este es uno de los aspectos más importantes a ser tomados en cuenta, ya que existe la necesidad de “comunicar que el candidato conoce el país”.

Históricamente, la importancia de este punto no parece haber sido ajena a los candidatos. Si dejamos de lado el tercer gobierno de (que duró tres meses y medio), hace 40 años que al menos uno de los dos vicepresidentes escogidos para la plancha ganadora es de provincia.

CUCHILLOS AFILADOS
Según Alfredo Torres, presidente ejecutivo de Ipsos Perú, un candidato a la vicepresidencia puede servir también para dar un mensaje al electorado sobre qué tipo de presidente se busca ser. “La plancha puede ser una herramienta para resaltar alguna prioridad de un eventual gobierno; por ejemplo, la seguridad ciudadana”, señala.

En las elecciones del 2006, el Apra escogió al almirante Luis Giampietri, ex rehén de la residencia del embajador de Japón, como su primer vicepresidente. En ese momento era crucial que el partido diera un mensaje de seguridad, pues su primer gobierno estuvo manchado por la violencia de Sendero Luminoso y el MRTA.

De igual manera, Fujimori escogió a Máximo San Román como su vicepresidente en 1990 para dar un mensaje de apoyo a la clase emergente y a los emprendedores del país. San Román era presidente de la Asociación de Pequeños y Medianos Industriales del Perú (Apemipe) y tenía lazos con pequeños empresarios en todo el país. Carlos García García, su segundo vicepresidente, por otro lado, apelaba a grupos evangélicos quienes eran muy activos en las zonas populosas del país. Según el censo de esa época, se estimaba que el 6% de la población era evangélica. Hoy la cifra llegaría a 15%.

Una vez que Alberto Fujimori tomó el mando, ambos candidatos fueron marginados y pasaron a un segundo plano.  

UN BUEN MANDIL
Un vicepresidente también debe servir como escudero del candidato y ser capaz de tender  puentes con las distintas fuerzas políticas. Esto es clave no solo durante la contienda electoral, sino también desde el gobierno.

A pesar de que los vicepresidentes suelen ser marginados una vez que su partido ha sido elegido, según el antropólogo y analista Carlos Eduardo Aramburú, esto no debería ser así. “Una de las cosas que le faltó a este gobierno, desde el principio, ha sido tener un interlocutor político. Es importante tener un vicepresidente que pueda negociar con las fuerzas políticas, que tenga prestigio propio y capacidad de convocatoria”, señala. Es decir, un segundo de primera.

Con la colaboración de Elody Malpartida y Diego Villarán