Es por ellas, es por todos; la columna de David Rivera
Es por ellas, es por todos; la columna de David Rivera
Por David Rivera

A pocos días de la marcha Ni Una Menos, que será una de las más importantes que se hayan visto en nuestro país, espero que lo que siga sirva para sumar y reafirmar la importancia de esta movilización para cambiar una de las realidades más duras que padecen las mujeres y la sociedad peruanas.

La negación tiene diferentes formas de enmascararse. Lo ha mostrado el mismo cardenal Cipriani. Queremos referirnos a la de quienes han intentado relativizar la marcha afirmando que hay muchas formas de violencia y que sería mejor movilizarse contra ella en general.

Más allá del falso dilema que pretende plantear esta relativización de la violencia contra la mujer, deberíamos ser conscientes de que el alcance y el impacto de la movilización de las últimas semanas y de la marcha de este sábado podría llegar a ser mucho mayor si nos ayuda a tomar conciencia de expresiones sociales más sutiles que forman parte del mismo problema y que, de alguna manera, terminan haciéndonos partícipes indirectos pero activos de él.

No hay forma de nacer y crecer en una sociedad que discrimina y maltrata a la mujer, y no llevar dentro de uno, por más mínima que sea, alguna actitud que forme parte de esa cultura. Es casi imposible. Y es por esa razón que la violencia contra la mujer puede estar presente incluso sin que ella lo esté. Hay ejemplos cotidianos que son muy claros. Cada conversación entre hombres donde suele haber alguna referencia negativa hacia el género o hacia alguna mujer en particular. Incluso en cada conversación femenina donde se repite la coartada masculina de que un ‘puto’ es un campeón social, mientras una ‘puta’ es una mujer exhibida en un escaparate y por tanto susceptible de ser agredida. Lo dijo Cipriani, pero tal vez esté más interiorizado y extendido de lo que aceptamos.

Ahora bien, esta es tal vez la agresión verbal más explícita y burda que forma parte del mismo problema. Pero tanto esta como otro tipo de agresiones ‘indirectas’, cotidianas y sutiles, refuerzan la manifestación de ese mal social que termina expresado en cada feminicidio, en cada golpe, en cada insulto. La marcha del sábado debe servirnos –también– para tomar conciencia de aquellas actitudes, comportamientos, palabras, que refuerzan aquello que hoy públicamente rechazamos, pero que, sin querer queriendo, podemos estar alimentando.

El diario “Perú 21” ha dado un ejemplo notable en ese sentido, al haber decidido sacar de sus páginas a la Chica 21. ¿Harán lo mismo otros medios que día a día contribuyen a la cosificación de la mujer? ¿Haremos algo parecido los hombres que hoy nos alineemos a esta causa y que tal vez, sin querer queriendo, contribuimos a alimentar esta problemática?

Nos toca revisar dentro y contribuir con honestidad a un cambio. Cuando hayamos tenido esa capacidad, probablemente también habremos comenzado a construir un cambio más grande.

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