Por Renato Cisneros

Podría dedicar esta columna a los más candentes asuntos políticos del país, a los triunfos recientes de la selección peruana de fútbol, a las últimas dos películas que me conmovieron (Poor Things y Kung Fu Panda 4), al libro que tengo en la mesa de noche (Baumgartner, de Paul Auster) o, en fin, a alguna noticia nacional o internacional que facilite una reflexión poderosa, entretenida o al menos útil. Pero no. No necesito hablar de nada de aquello, no me urge escribir esas posibles columnas (ni a ustedes, leerlas). Lo que sí me resulta impostergable es hablar de mi primer viaje en Noria.