Greissy Ortega volvió al sillón rojo de “El valor de la verdad” y, una vez más, abrió las puertas de su intimidad ante millones de espectadores. El programa del domingo 24 de agosto fue una de las entregas más intensas de la temporada: la exbailarina, hermana menor de Milena Zárate, recordó episodios duros que la marcaron con cicatrices visibles e invisibles. Esa noche ella se llevó S/ 15.000.
Su nombre saltó a la farándula, cuando era una adolescente y se destapó su romance clandestino con Edwin Sierra, pareja de su hermana Milena. El escándalo rompió familias, encendió sets de televisión y la convirtió en una figura mediática a la que muchos señalaron. En aquel entonces, entre lágrimas, admitió en “El valor de la verdad” que sí había amado al comediante y que incluso había quedado embarazada, pero que, presionada por el miedo y el dolor, decidió abortar. Su confesión quedó grabada como uno de los episodios más controversiales en la historia del programa.
Con el paso de los años, Greissy construyó su propio camino. En el 2014 sorprendió al casarse con el peruano Ítalo Villaseca, con quien tuvo tres hijos y emigró a Estados Unidos en busca de un futuro distinto. Sin embargo, la vida volvió a mostrarle un rostro cruel.
En su más reciente participación en “El valor de la verdad”, relató la violencia que sufrió durante esa relación y cómo, a raíz de las agresiones, perdió a una bebé durante el embarazo. “Voy donde la doctora y me dice que no hay nada que hacer, que la bebé no puede respirar”, confesó entre lágrimas, mientras Beto Ortiz le respondía con dureza: “Estuviste así de ser asesinada”.
Su testimonio no solo expuso la crudeza de la violencia doméstica, también mostró a una mujer que, a pesar de todo, no dejó de luchar por sus hijos.
Pero su historia no se resume únicamente en escándalos o tragedias. Greissy también enfrentó batallas con los trastornos alimenticios tras una operación gástrica, y sigue creyendo en el amor. Actualmente mantiene una relación con el músico Randol Pastor.
A los 32 años, su paso por “El valor de la verdad” la mostró sin disfraces: como la adolescente que alguna vez llegó al Perú cargando sueños, como la mujer que cayó en medio de errores y abusos, y como la madre que sigue intentando levantar a sus hijos pese a todo.
En el sillón rojo, Greissy Ortega no buscó justificar el pasado, sino hacer de sus cicatrices una voz. Porque, aunque marcada por la polémica, su historia es también la de alguien que, después de tantas tormentas, aún se atreve a contar su verdad.