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El futbolista peruano que también juega en el negocio de joyas

En entrevista con El Comercio, Adrián Zela narra cómo incursionó en el comercio de las piedras preciosas 

Luego de un buen paso por el Bolognesi de Tacna, Adrián Zela fue convocado a la selección Sub 20 que, para variar, ilusionó mucho en la víspera del Sudamericano del 2009. Y que, también para variar, volvió con cero puntos. Pero el recio zaguero encontró una revancha personal y Universitario lo fichó por todo el 2010. No le fue mejor con la crema que con la blanquirroja y, entonces, cerró esa puerta para abrir la de su otra pasión.  

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— ¿Cómo así te involucras en el mundo de las piedras preciosas?
A través de mi padre, que es el primer gemólogo del país. De chico lo veía con esas piedritas de colores que me fascinaban. También escuchaba cómo negociaba, fijaba precios, eso me iba atrayendo. Pero en un principio pudo más el fútbol.
 
— Hasta que te desencantaste del fútbol. ¿Te costó tomar la decisión?
Cuando decidí dedicarme al fútbol, me puse varias metas: debutar en la profesional, llegar a una selección, jugar en un club grande. Todo eso lo logré con el Bolo, la Sub 20 y la ‘U’. Pero llegó un momento en que no me empezó a ir bien y esa línea ascendente se paró.
 
— ¿Cuánto influyeron las críticas en tu contra?
Menos de lo que la gente cree. Yo mismo sentí como una frustración muy grande la actuación en el Sudamericano de Venezuela, creía que teníamos equipo para clasificar al Mundial y ya empezaban a aparecer propuestas para jugar en el exterior. Regresar con las manos vacías no fue fácil. Ahí pensé dejar el fútbol, pero me di una oportunidad más.
 
— Los palos fueron todavía más fuertes en tu paso por la ‘U’. ¿Te parecieron exageradas?
Yo creo que sí, me juzgaron mal por dos autogoles y algunas expulsiones, pero no todo fue culpa mía, a todo el equipo le estaba yendo mal y creo que cargarle la responsabilidad a un chico de 21 años fue mezquino. Había referentes que pudieron dar el pecho más que yo, pero las circunstancias apuntaron hacia mí.
 
— ¿En tu familia te dijeron que mejor te dedicaras a otra cosa?
No. La decisión fue netamente mía. Mi padre siempre me apoyó para seguir, pero me dijo que si dejaba el fútbol me iba derechito a estudiar.  
 
— ¿Y eso te puso en aprietos?
Por los problemas económicos que teníamos en la ‘U’ yo pensaba poner un negocio o empezar a trabajar en la empresa, pero creo que la decisión de ir a estudiar fue la mejor.
 
— ¿Qué es lo más difícil de estudiar gemología?
Primero, esa carrera no se estudia acá. Segundo, era como empezar de nuevo porque desde que acabé el colegio yo no había estudiado nada. Sobre la carrera en sí, hay que saber bastante de química y física.
 
— ¿Adónde fuiste a estudiar?
Estuve en el Gemological Institute of America, en su sede principal en Carlsbad [California]. Fue un año entero en el instituto más prestigioso del mundo en este rubro. Dos mexicanos y yo éramos los únicos latinoamericanos entre tantos estudiantes de Europa, EE.UU. y la India, que es un país dominante en el comercio de joyas.

— ¿No tocaste la pelota en ese año?
La de fútbol solo un par de veces, no había mucho nivel allá. Más bien me dediqué a jugar básquet en los tiempos libres, con gente que jugaba mucho mejor que yo.
 
— ¿Ya eres un experto en piedras?
Los estudios me han ayudado un montón. La gente cree que solo hay zafiros y rubíes, pero hay cientos o miles de tipos. Nos ponían metas diarias, primero eran 10 piedras y al final como 80. Teníamos que distinguir los componentes, el peso específico, la refracción de la luz, etc. 

— ¿En qué rubro de esta industria te desempeñas ahora?
Lo mío va por el lado comercial. Hay quienes se inclinan por el diseño, otros por la parte científica, algunos más por artículos de puro lujo.
 
— ¡Has vuelto al fútbol!
La propuesta que me hizo el Municipal fue seria. Mi meta es que el Muni suba a Primera. Es un aliciente. Hoy puedo dedicarme a las dos cosas, la gemología y el fútbol.
 
— No es algo muy común entre los futbolistas. ¿Acaso no hay tiempo para estudiar o trabajar?
Se puede hacer. Siempre se los digo a mis compañeros: un día estás en un equipo grande ganando mucho dinero, pero viene un año malo o una lesión larga y todo se voltea. En este Muni casi el 80% trabajamos en algo paralelo o estudiamos.
 
— ¿Ya no dejas el fútbol, entonces?
Cuando lo dejé a fines del 2011 pensé que lo había dejado para siempre. Hoy no lo tengo definido, quiero seguir empujando la empresa, que es mi prioridad por ahora.

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