En las últimas semanas he tenido la oportunidad de asistir a conferencias donde se abordan temas centrales y de común interés respecto al entorno político, económico y social del Perú y donde también se analiza el frente externo y su impacto en nuestra realidad. En un año preelectoral nuestra participación activa se vuelve instintivamente más urgente.
Estar conectados con el entorno nos permite ser sensibles a las necesidades del país más allá de las fronteras de nuestras empresas y jugar un papel activo en buscar soluciones. Y si nuestro ‘core business’ está conectado con generar impacto positivo, mejor aún.
Sin embargo, si uno busca asistir a estos espacios para saber qué va a pasar, saldrá desilusionado, especialmente en estos tiempos donde vivimos con permanente incertidumbre respecto de factores exógenos que no podemos controlar.
¿Quién pasará a segunda vuelta en las próximas elecciones? ¿Qué debemos esperar del tipo de cambio, el precio del oro, la balanza comercial? ¿Qué esperamos de la tasa de interés de los EE. UU., los aranceles? ¿Debo endeudarme en dólares? Y así, muchas preguntas que constantemente nos hacemos con el único propósito de poder planificar.
Es siempre valioso escuchar a los expertos y colegas, pero será muy difícil tener respuestas certeras, no porque no haya capacidad de análisis sino porque estamos en tiempos particularmente inciertos a nivel global, donde hasta el comportamiento humano está cambiando y por lo tanto será imposible acertar.
Los entendibles temores, así como la usual tentación de ganarle a la realidad nos llevarán a distraernos, a especular, a cubrirnos e incluso a hacer apuestas sobre factores que no controlamos. Es en estos momentos donde cobra especial relevancia el foco estratégico: mantener el rumbo de nuestro negocio, gestionar con disciplina y enfocarnos en fortalecer las competencias fundamentales de la empresa.
La experiencia de las últimas décadas en el Perú nos ha demostrado que la mejor apuesta ha sido seguir adelante con los planes más allá del contexto político. Si creemos en nuestras ventajas competitivas y conocemos nuestro ‘core business’, deberíamos poner el foco en ello y minimizar la especulación. Nuestra agenda debe enfocarse más que nunca en entender al consumidor y al cliente, desarrollar canales, productos y servicios ganadores, gestionar los precios y márgenes mejor que otros, buscar eficiencias en costos, contar con estructuras efectivas, diseñar procesos eficaces y contar con el mejor talento. Es eso lo que sabemos y debemos hacer.
Ciertamente, parte fundamental del foco estratégico es la gestión de riesgos. Contar con un mapa de riesgos y gestionarlos activamente resulta indispensable en tiempos de alta incertidumbre. En ese contexto, entender el entorno es, sin lugar a duda, esencial para anticiparnos ante riesgos que podemos gestionar. Un ejemplo claro es cómo la creciente inseguridad ha llevado a muchos negocios a cambiar la forma de operar y en algunos casos a redefinir su estrategia. Sin embargo, poner excesivo foco en otros factores menos controlables podría generar distracción y desenfoque.
Como líderes empresariales, nos toca conectar con el entorno, pero tan importante como eso es la obligación de mantener un rumbo y dar claridad a nuestros equipos, sobre todo en momentos como el actual.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.