Este año - otra vez - tuve la necesidad imperiosa, desesperada, de clamar al cielo por un milagro. Un familiar de los más queridos cayó víctima de una bacteria muy agresiva y los pronósticos que nos daban eran desgarradores. Muy difícil que sobreviviera, casi imposible que despertara. Quienes han vivido situaciones similares comprenden la desesperación, la angustia, el miedo y la desolación que se siente.

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