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“Calcaterra, la próxima víctima”, por Pedro Ortiz Bisso

En las redes sociales criticaron que Ricardo Gareca convoque a Horacio Calcaterra, una de las figuras de Sporting Cristal y del campeonato local, a la selección. Su delito: no haber nacido en Perú

Horacio Calcaterra a la Selección Peruana: los números del argentino que lo llevaron a la bicolor nndc

Horacio Calcaterra defendió las camisetas de Cristal, Universitario y Unión Comercio. (Foto: USI)

La indignación tiene otro objetivo desde ayer. Se trata del futbolista Horacio Calcaterra, una de las figuras de Sporting Cristal y del campeonato local. Su delito es haber sido convocado a la selección por Ricardo Gareca.

Apenas se conoció su llamado, las redes sociales hirvieron de comentarios chauvinistas. Más que criticar sus cualidades futbolísticas, el objetivo estuvo puesto en que no nació en el Perú.

Algunos eran amenazadores: “Renovar pero con jugadores netamente peruanos. Gareca, rectifícate o te irá mal. Calcaterra no es peruano”.
El tema de los peruanos “netos” fue una constante (lo que revela, de paso, que si hay netos, los hay también brutos. Muy brutos, por lo visto): “¿Calcaterra? Hay otros jóvenes netamente peruanos que tienen mucho talento”.

Tampoco faltó la apelación a la sangre: “No jodas, Calcaterra, al menos el chaval [Cristian Benavente] tiene sangre peruana”.
La presunta identificación con la tierra estuvo presente: “¿¿Calcaterra?? Con respeto opino que peruanos nacidos en Perú estaban más identificados”.

Calcaterra nació en Santa Fe, Argentina, hace 29 años. Llegó al Perú en el 2011 para jugar con Unión Comercio, un club de San Martín. Sus buenas actuaciones le permitieron ser fichado por Universitario y luego por Cristal, institución a la que lleva defendiendo seis temporadas. El año pasado se nacionalizó peruano.

“Hasta hace poco más de un mes,
el fútbol fue motivo de unión”.

No es el primer jugador no nacido en el Perú que llega al combinado nacional. Antes lo hicieron Ramón Quiroga, Humberto Horacio Ballesteros, Óscar Ibáñez, Juan Carlos Zubczuk, Gustavo Tempone (Argentina), Julio César Balerio (Uruguay) y Julinho (Brasil).
Ballesteros fue el primero en sufrir un veto por su nacionalidad. El entonces arquero de Universitario no pudo jugar por la selección en la eliminatoria de 1973 porque el gobierno velasquista no vio con buenos ojos que un futbolista nacido en el exterior vistiera la blanquirroja.

Quiroga fue la siguiente víctima. Su pecado fue defender el arco peruano durante la infausta noche del 21 de junio de 1978, cuando Argentina venciera a la selección 6-0 en Rosario, la ciudad donde nació.

Ayer Germán Alemanno, otro futbolista argentino afincado en el Perú, recordaba una frase de Aníbal ‘Maño’ Ruiz, un entrenador uruguayo que vivió varios años en estos lares: “Uno no es de donde nace, sino de donde se hace”.

Hasta hace poco más de un mes, el fútbol fue motivo de unión. La camiseta blanquirroja se convirtió en un símbolo de la patria y “Contigo Perú”en el segundo himno nacional.

Por unas semanas, vivimos la ilusión de ser un país unido.
Avergüenza que el miedo y la intolerancia nos enrostre de un cachetazo que lo vivido, todo lo hermosamente vivido, haya sido apenas un bello espejismo.

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