Resumen

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A casi dos años de Lima 2019, Alberto Valenzuela y Legado se encargan de la logística de la vacunación, gestionan centros de aislamiento temporal y la adquisición de oxígeno. (César Bueno / @photo.gec)
A casi dos años de Lima 2019, Alberto Valenzuela y Legado se encargan de la logística de la vacunación, gestionan centros de aislamiento temporal y la adquisición de oxígeno. (César Bueno / @photo.gec)
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Por Gladys Pereyra Colchado

Irving Eulogio, como más de dos millones de personas en el país, tuvo COVID-19. Como otras tantas, perdió a su padre, a su tío y estuvo grave por la enfermedad. Pero él hoy hace la diferencia como uno de los más de mil voluntarios que apoyan en la vacunación. Así como él, Vladimir Velásquez, ciudadano venezolano con discapacidad auditiva y vocal, orienta a otras personas con su condición y al mismo tiempo enseña a sus compañeros a comunicarse con lengua de señas. También están Valeria Valiente, Gianpierre Larrea o Aaron Ávila, quienes distribuyen su tiempo para acudir seis veces a la semana al vacunatorio de la Videna. Ellos, voluntarios del proyecto Legado, son parte de un engranaje mayor que se despliega en la tarea de inmunizar cada vez a más personas.