Fernando González-Olaechea

Luego de un día lleno de entrevistas, se sienta. Los zapatos de casi diez centímetros de plataforma la deben estar matando, pero aún le queda energía para conversar. Los ojos son vivaces detrás de su maquillaje y las enormes pestañas postizas. Su voz suave, como un ronroneo. 

Judith Bustos, conocida en el caótico mundo virtual como la Tigresa del Oriente, se sabe una mujer sensual. Lo admite luego de meditarlo: “Soy sensual, porque me siento cómoda conmigo misma, porque soy como soy. Me siento regia, mantengo mi figura, me cuido”. Esa sensualidad no depende del pronunciado escote, los cosméticos o el traje ceñido, sino de su seguridad: “La clave es hacer lo que te guste”, añade. 

En noviembre del año pasado, la revista estadounidense “Paper” que la celebridad estadounidense rompería el Internet con una foto suya en su portada en la que exhibiera la inmensidad de su nalgamento. La edición colombiana de la revista “” fue mucho más humilde y no auguró lo mismo, aunque ello sucedió: su con la Tigresa del Oriente fue un fenómeno en Internet. La Tigresa se ríe al pensar en eso, lo toma con la calma que da la costumbre.

Para ella, la edad no es ni debe ser un impedimento para sentirse como quiere sentirse ni para hacer lo que quiere hacer. “Nada tiene que ver con la edad si gozas de salud física y mental. Rechazo esa actitud que dice que a los 50 o a los 60 ya no puedes hacer cosas”, señala. Su tono cambia y es más seria de lo que uno espera cuando se la ha visto cientos de veces arañando el aire, cantando cumbias amazónicas en trajes atigrados en videos kitsch como ellos solos. 

La edad no es un tema que le guste tocar. Al menos no suele hacerlo con frecuencia. Menos pudor que vanidad se lo impiden, pero finalmente lo dice. “Tengo 70 años, puedes ponerlo”, responde. 

E inmediatamente relata que una vecina suya de unos 60 años le dijo que quería comenzar a estudiar, que su personaje de Tigresa la inspiró y decidió hacerlo. Hace poco volvió a hablar con ella y esta le contó que estaba por terminar sus estudios. Ahora la cantante tiene en mente hacer un programa de entrevistas en Internet a personas que sean casos de éxito, “que vengan de abajo, que se esfuercen”, subraya. Pensarse a sí misma como un ejemplo de superación es lo que satisface a Judith, aun más que hacer música.

–¿Se puso nerviosa cuando le hicieron las fotos?
Lo vi como un reto. Les dije, soy una señora, llamen a jovencitas, pero me quisieron a mí. La única condición que puse fue que todos los que no tenían que ver nada con la sesión salieran del estudio.

Y conforme fueron avanzando las fotos, su comodidad fue creciendo. Sin embargo, no sabe si lo haría de nuevo. Esa incertidumbre responde a ella y no a lo que otras personas podrían decir. “Me echo una botella de aceite para que me resbale lo que digan de mí”, afirma.

Mientras conversa en la sala de su mánager, tiene a su lado a Elmer Molocho, un joven cajamarquino de 25 años. Su novio. Dicen conocerse hace un año y tener una relación hace seis meses. Ni a ella ni a él les importa que haya una diferencia de 45 años entre ambos, ni qué cosas puedan especular sobre los motivos que los unen. 

Durante la conversación, se suelta la idea de una boda, pero Judith no parece muy convencida. Un suceso como ese podría ser otro fenómeno en Internet, como ya lo han sido sus videos –cuyas vistas se cuentan por millones en – y su reciente desnudo. De ocurrir, será cuando Judith quiera, como todo lo demás en su vida.