Alejandra Ortiz de Zevallos y la escultura que tejió con carrizo surcano. Foto: Renzo Salazar.
Alejandra Ortiz de Zevallos y la escultura que tejió con carrizo surcano. Foto: Renzo Salazar.
Redacción Luces

En el año 2019, Alejandra Ortiz de Zevallos recorrió los 29 kilómetros del río Surco registrando visual y sonoramente la vida acuática de esta red fluvial. Fue un trabajo que llevó a cabo junto con el artista visual Josué Arispe, y que se llamó Surcosonante. En este proceso levantó un tejido orgánico, social y sensorial de esta red líquida de vida.

Al cabo de dos meses de residencia artística en Andamio, plataforma de arte fundada por Micaela Aljovín y Nani Cárdenas, Ortiz de Zevallos ha revisitado este nuevo cauce del río Surco para generar “Simbiosis”, una reflexión creativa que complementa lo anterior.

En “Simbiosis” la artista recurre al tejido, el dibujo, lo audiovisual y la recreación de lo investigado para transformar lo que fue un viaje exterior en una cartografía interna, según refiere la curadora Luisa Fernanda Lindo. La artista abunda sobre la propuesta en sus propias palabras:

Seguiste el tejido natural del río y el tejido social que este genera. ¿Qué descubriste?

Hoy solo existen dos canales de riego operativos: Surco y Huatica, y son muy pocos los fragmentos que aún quedan al descubierto. La ciudad se ha encargado de sepultarlos con concreto. Al taparlos, nos alejamos del pasado, tapamos la memoria y nos desvinculamos de la naturaleza y del agua. Nuestro modo de convivencia con el agua entreteje una compleja red de procesos de marginalización social, extracción y contaminación. Pero son flujos vivos, abastecen la tierra sobre la cual estamos parados, y en medio del olvido y la basura continúan generando vida. Discurren por la ciudad como un tejido de venas, no las vemos, pero están allí en permanente movimiento y sonando. Dar cuenta de este organismo vivo a través del sonido nos lleva a un lugar profundo e invisible que nos aleja del mundo concreto y disuelve los límites del cuerpo, para desde allí recuperar el vínculo necesario con el territorio.

¿Cómo afectó la llegada de la pandemia al proyecto?

Dadas las circunstancias, comprendí que este era un momento de una pausa más introspectiva. Así como el territorio comprende un tejido húmedo que proporciona vida, sucede lo mismo en el cuerpo. Es necesario reconocer que nuestra membrana es permeable, que el adentro y el afuera están en constante tránsito. La idea de lo natural como algo diferenciado de lo cultural es un constructo social que nos lleva a un modelo de convivencia cada vez más fragmentado e impermeable.

A propósito de lo simbiótico

No es casualidad que este proyecto haya sido posible gracias a una iniciativa colaborativa. Es la propiciada por Andamio a través de una residencia artística creada este año como apoyo solidario a prácticas vinculadas al dibujo y el tejido. Ortiz de Zevallos ha sido la primera invitada a participar en lo que se proyecta como un colectivo de artistas peruanas ofreciendo residencias artísticas una vez al año. Una asociación provechosa en lo común, que es justamente como se define una simbiosis.

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