Por Oscar Paz Campuzano

Vallejo, el poeta de los versos explosivos y desconcertantes, se reconcilió con Trujillo, donde su rebelde y nostálgico espíritu fue sometido al encierro por un incidente confuso hasta hoy. El desagravio ocurrió hoy, en una mañana soleada, sin aguacero. Fue en Trujillo, no en París. Fue en la misma plaza por la que, en 1920, los guardias de la época lo condujeron hacia la carceleta en la que pasó 112 días y donde escribió los versos de su libro más irreverente: “Trilce” (1922). Ayer, en esta histórica plaza del norte, César Vallejo, el más universal de nuestros poetas, retumbó en miles de gargantas ajenas para volver y volver.

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