Carlos Carnero alumbró Inestable como un stand en la Feria del Libro del 2010. Meses después se instaló en la calle Porta, donde hasta hoy permanece. (Foto: Hugo Pérez)
Carlos Carnero alumbró Inestable como un stand en la Feria del Libro del 2010. Meses después se instaló en la calle Porta, donde hasta hoy permanece. (Foto: Hugo Pérez)
Juan Carlos Fangacio Arakaki

Dice el español Jorge Carrión, en su ensayo “Librerías”, que cuando se hacen las listas de las mejores librerías de una ciudad, suele imponerse –erróneamente– la arquitectura atractiva o la fotogenia ‘instagrameable’. Ese paradigma ha propiciado que, tantas veces, se desvíe la atención del valor real de estos espacios: la coherencia de su contenido, sus actividades paralelas, el vínculo que genere con escritores y lectores locales.

La librería Inestable –que hoy cumple 10 años– puede que no reúna los requisitos estéticos prototípicos. Es más bien pequeña y sus paredes blancas y limpias no jalan la vista (aunque quien haya estado allí y visto sus cuadros y escuchado su jazz la sabrá acogedora). Pero su trabajo es –de lejos– más interesante que el de muchas otras librerías más grandes o prestigiosas o vendedoras.

Detrás de Inestable está Carlos Carnero Figuerola, que alumbró este proyecto en julio del 2010, primero como un stand de la Feria del Libro de Lima, y meses después en el local de la miraflorina calle Porta 185 B, que hasta ahora lo acoge. “Pensé en una librería de un contenido específico, que existiera al menos temporalmente, más como un evento –dice Carnero Figuerola–. Aún la siento como algo efímero”.

Además de librero, Carnero es poeta, e Inestable es en cierta forma un reflejo de su propia identidad y de sus intereses. “La librería ideal debería ser un lugar donde el contenido genere pensamiento nuevo; no solo en el resultado, sino también en el mecanismo que lo produce. Por eso me parece que la poesía ocupa el lugar central de Inestable, y las otras secciones son figuraciones o modos que necesitamos para su extensión, y viceversa”, afirma.

MÁS QUE VENDER LIBROS

Inestable está anclada justo entre dos lugares con espíritu: a la izquierda tiene a la quinta donde Vargas Llosa vivió con su tía Julia Urquidi; a la derecha, el popular Pollo Pier, bar predilecto de ‘hipsters’ y estudiantes de Humanidades. Este último local le ha servido como ampliación para presentaciones de libros, conversatorios o cual sea el evento que busque promover, más allá de la mera dinámica comercial. Porque Inestable también edita libros y recibe a quienes necesiten información bibliográfica de cualquier tipo.

“Pienso que las librerías deberían dirigirse a ser librería y biblioteca a la vez –opina Carnero–. Creo que le conviene a toda la cadena del libro y a la sociedad en su conjunto. A Inestable vienen muchos investigadores y de alguna manera ayudamos con información o consultan los títulos que tenemos. Esto habla de nuestra falta de bibliotecas y archivos. Y así, de alguna manera, hemos estado participando en la producción de libros. En la última Feria del Libro conté cinco publicaciones nuevas que tenían agradecimientos a la librería. Ese es un dato que suelo tomar ahora”.

En los últimos meses de confinamiento, Inestable se mantuvo bastante activa en su grupo de Facebook de más de 6.000 miembros. Allí muestra su catálogo –siempre diverso, con novedades, rescates y títulos que no se encuentran en otras librerías–, y los lectores separan sus volúmenes elegidos. De vez en cuando aparecen algunas joyas que se venden por puesta de mano (o por el comentario y el clic más rápido), y que responden a la afición coleccionista del propio Carnero.

“Me parece difícil señalar algún libro especial, pero te puedo contar de uno que tengo ahora –cuenta el librero–. No es un libro, sino un álbum de fotos, hecho por una niña o adolescente sobre un cuaderno de tapa dura alrededor de 1910. Ella era parte de una familia inglesa que vino a vivir a Lima y cuyo padre se encargó de tender el cable submarino entre el Callao e Iquique en esos años. Se dedicó a juntar fotografías, incluso más antiguas, de su familia y de los barcos y tripulaciones que hacían este trabajo en la costa sudamericana, de su vida en la Lima de principios de siglo, y de sus viajes por los puertos de la costa peruana y chilena”.

Además de librería, Inestable también ha editado algunos libros en sus diez años de existencia. (Foto: Hugo Pérez)
Además de librería, Inestable también ha editado algunos libros en sus diez años de existencia. (Foto: Hugo Pérez)

EL FUTURO POSIBLE

Carnero, un hombre de voz baja y poco dado a la figuración, asegura que no se acostumbra a los e-books aún, y alude a razones neurológicas que facilitan la memoria a través de la lectura de hojas impresas. Eso sí, tampoco subraya ni escribe en los libros: prefiere las anotaciones en un papel aparte. Sobre Amazon, dice que todo monopolio a mediano y largo plazo tiende a ser perjudicial para el conjunto. “Creo que su sistema debe tener un lugar, porque también trae algunos beneficios; pero su modelo tal como lo tienen planeado es depredador, y su éxito depende de ser un monopolio”.

Hace unos días, el poeta librero una veintena de fotos que tomó en Miraflores, camino a su librería: todas de locales cerrados y con letreros de “Se alquila” en el frontis. Restaurantes, tiendas de ropa, zapaterías y hasta un cine que han sucumbido al devastador efecto de la pandemia. En medio de eso, Inestable resiste. Un aguante doblemente meritorio tratándose de una librería en el Perú.

“En este país el sector cultural vive en crisis –afirma Carnero–. No me preocupa tanto sobrevivir o no, porque siempre encontramos cómo regresar. Me preocupa saber que luego va a continuar lo mismo. Lo que se pierde es lo que dejamos de construir por mantener el desarrollo de la cultura en esa condición”.

Lectura severa, pero realista. Pese a todo, se celebra la década de vida. Porque en un país que a ratos parece despreciar sus librerías, diez años son una hazaña. Y solo queda desear que sean diez, veinte y muchos más. La necesitamos más que nunca.

El dato

Librería Inestable se ubica en la calle Porta 185 B, Miraflores. Atiende de lunes a sábado, de 2 p.m. a 9 p.m. Su teléfono es el 242-1829.

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ROCINANTE

Pedro Ponce es uno de los libreros más queridos del que fuera el bulevar de Quilca, enclave bibliófilo del Centro Histórico de Lima. Luego de que ese espacio fuera convertido en una playa de estacionamiento, Ponce y su Rocinante se instalaron a media cuadra de allí. Vale la pena visitarlo.

Jr. Rufino Torrico 899, Cercado de Lima. Atiende pedidos por WhatsApp al 99859-4970.

BABEL

El periodista Javier Masías y el chef Rafael Osterling imaginaron una librería adecuada a sus gustos y la concretaron. Babel es una suerte de boutique de libros, con una gran oferta de títulos de la más diversa temática. E instalada además en una bella casona miraflorina.

Coronel Inclán 300, Miraflores (esquina con Enrique Palacios).

ESCENA LIBRE

Tras la triste desaparición de La Libre, en Barranco, el mismo espíritu se trasladó a Escena Libre, nutrida librería ubicada dentro del Centro Cultural PUCP. Y a cargo quedó Julio César Zavala, librero de oficio, quien ha consolidado un catálogo sumamente variado que acompaña con actividades constantes.

Av. Camino Real 1075, San Isidro.


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