Por Sonia del Águila

Shakira no empezó siendo un fenómeno global. Antes de llenar estadios y romper récords, fue una niña de Barranquilla que bailaba frente al espejo y escribía poemas en sus cuadernos escolares. Creció entre tambores, vallenato y las músicas árabes que heredó de su padre; de ahí nacieron su voz inconfundible, su mezcla de culturas y esa forma de bailar que parece convocar a todos los mares del Caribe.