Diego Lombardi: "El cambio comienza por uno"
Diego Lombardi: "El cambio comienza por uno"
Maribel De Paz

No podía parar de reír. leía, página tras página, la comedia del estadounidense John Pollono. La había encontrado sin querer en una librería de Miami y las repetidas escenas cargadas de bromas misóginas parecían no llegar a su fin. Sin embargo, sí que había un quiebre. La obra “Taller de reparaciones”, aplaudida en sus montajes en Estados Unidos, muestra un universo masculino en el que la presencia femenina es reducida a cosa y broma. Dentro de ese extremista club de Toby, ambientado en un taller de mecánica, tres amigos de infancia se reencuentran. Mucho trago de por medio y un invitado inesperado desatarán un giro en esta historia sobre la amistad, el machismo, la venganza y las formas imperceptibles, omnipresentes, líquidas, con las que Internet puede seguir deshumanizando a la sociedad contemporánea.

De la mano de su productora teatral Break, que lleva siete años de labor constante junto a su socio, el creador Ernesto Barraza, Lombardi presenta esta obra con otro flamantísimo proyecto en cuenta regresiva: la paternidad. Un nuevo rol que no trae libreto.

—¿Cuándo deja de ser chistoso el chiste misógino?
En la vida real, cuando afecta a alguna persona que tú conoces. Mientras el chiste se trate de la chica que está cruzando la pista, todo bien, pero si hablan de tu hermana a ver si te vas a reír igual. Y esto es algo de lo que nos habla la obra. El cambio empieza por uno. El momento en que uno deja de reírse de algunas cosas o de compartir el video de la chica que te han mandado, clac, cortas esa cosa exponencial de las redes sociales.

—Ahora, hay quienes dicen que ya no se puede reír uno de nada, que todo es políticamente incorrecto. ¿Cuál es el límite?
Es complicado, pero creo que el límite es cuando a la otra persona le empieza a molestar. Me acuerdo de que en el colegio había un chico del cual nos burlábamos sin darnos cuenta, porque fue algo que se normalizó, y Constantino Carvallo, mi profesor, nos hizo escribir a todos cientos de veces: “Debo desarrollar la capacidad de sentir lo que siente el otro”. Y a él también le hizo escribir: “Debo desarrollar la capacidad de decir lo que siento”.

—Hace cuatro años, cuando te preguntaron qué ventajas tendría ser del sexo opuesto, respondiste lo siguiente: “Esperar a que se me acerquen y no tener que estar inventando cosas inteligentes para iniciar una conversación”. Algo que no deja bien paradas a las mujeres desde tu punto de vista.
Verdad, lo recuerdo, debo haber tratado de sonar divertido. Uno va cambiando con el tiempo. Con los años se convierte en otra persona. Si ahora me preguntas qué ventajas tendría… veo a Emilia sufriendo con el embarazo, pero también veo que le está creciendo un ser humano adentro, y tiene un vínculo con ese ser que yo no tengo y no voy a poder tener, y eso –esa ventaja– es la respuesta de una persona un poco más grande, como soy ahora.

—A propósito del título de la obra, y pensando en las declaraciones de tu esposa sobre el abuso que ella sufrió, ¿cómo dirías que se puede reparar el abuso? ¿Es reparable, acaso?
Creo que primero debe repararse uno mismo y, partiendo de lo que dice Emilia, es importante valorarse a sí mismo, quererse a sí mismo, perdonarse a sí mismo, porque muchas veces el abusado se siente culpable. Cien por ciento supongo que no es reparable, pero uno va a seguir viviendo y tiene que seguir avanzando, y perdonar, desde el lugar en donde está, lo que ha pasado.

Diego Lombardi: "El cambio comienza por uno"
Diego Lombardi: "El cambio comienza por uno"

—Hemos visto el caso muy lamentable de Guillermo Castrillón…
Ufff…

—¿Cuál es el límite entre lo que se debe y lo que no se debe hacer? Hay quienes dicen: “Pero si yo solamente la toqué, si yo solamente la palmoteé, si yo solamente etcétera”.
Alguien debería decirte no y tú paras. No es no. Pero, por otro lado, viendo todos los destapes en Hollywood y en el Perú, ¿hasta qué punto el poder que tienes sobre la otra persona puede impedirle a esta decir algo?

—¿Es lícito que un director de teatro se imponga sexualmente sobre alguien como método de trabajo?
¡Es de terror! ¡No puede ser! En ningún momento el arte debe ser pretexto para maltratar a una persona. O sea, el momento en que tú dices: “Yo necesito que a esa actriz se la vea sexualmente activa en el espacio, entonces yo me voy a quitar la ropa y la voy a tocar”… A ver, hay un respeto por la otra persona, y el arte no debería permitir una cosa como esa. Entiendo que hay gente que ha estado en los talleres de Castrillón y que tuvieron enseñanzas increíbles, que sienten que se han liberado de un montón de taras, y que hay un antes y un después del taller con él. Evidentemente es un tipo inteligente y capaz, y por algo está tantos años trabajando en el medio y es tan respetado, pero había un detrás, había un abuso de poder. Da la sensación de que escogía: ella sí, ella también, ella no. No invitaba a todo el mundo a sus talleres privados.

—¿Has trabajado con él?
Nunca, pero me llamó la atención y en algún momento dije: “De repente me haría bien trabajar una cosa corporal y explorar otra parte de mí”. ¡Dios mío!

—Esta obra aborda precisamente el tema del machismo.
La obra se puso primero en Los Ángeles, en Estados Unidos, y después se la llevaron a off-Broadway, donde la dirigió una mujer, lo cual me llamó mucho la atención, y leí una entrevista al autor John Pollono, que además es actor de la obra. Él cuenta que la directora los empujaba a ser todavía más machistas de lo normal.

—¿De lo normal?
No, de lo normal no, suena horrible. Más machista de lo que se observa. Y yo trabajé eso con los actores, traté de hacerlos sentir lo más cómodos posible dentro de este universo en el que no hay mujeres mirando, y hablando siempre con ellos de que estábamos sobrepasando los límites. Pedos, eructos, chistes misóginos y todas las cosas de las que este universo machista se burla están en esta obra, que es importante porque tiene un giro con el que te das cuenta que eso va hacia un sitio. Tratamos de generar en el público esa sensación de “yo conozco esto, yo me río de esto; si ellos se ríen de eso, hay permiso para yo reírme de lo que está pasando acá”. De tal manera que cuando se da el giro de la obra, dices: “Uy, me está pasando lo mismo que a ellos; yo soy ellos”.

Diego Lombardi: "El cambio comienza por uno"
Diego Lombardi: "El cambio comienza por uno"

—Si es posible que se genere una transformación a través del arte, ¿cómo dirías que te ha transformado personalmente dirigir este montaje?
Creo que en esta obra lo que hemos conseguido es darnos cuenta de este espacio en el que estamos todos metidos y al que seguimos alimentando con la foto de la chica calata que te mandan por el e-mail o el videíto de la 'guerrera' no sé cuántos, y que todo el mundo corre a buscarlo en Internet y a compartirlo con sus amigos. Esta obra te permite darte cuenta de que eso tiene consecuencias, y que finalmente está en tus manos dejar que eso siga avanzando. El arte, el teatro, es un espejo de nosotros. Nos sentimos identificados con las personas que están en el escenario, y a partir de esa identificación y de los errores que cometen o las cosas que hacen, podemos ser conscientes y cambiar. Por otro lado, las redes sociales han democratizado todo.

—Hasta la maldad.
Todo, y todo tiene espacio. Cuando Emilia puso que íbamos a tener una hija, le escribieron cosas de terror: “Ya te tocaba ya”, “Se ganó ese barbón feo”, y chistes sexuales que no voy a repetir. Yo quiero tener un país y una ciudad en la que mi hija pueda salir a la calle a caminar sin que la insulten o le digan barrabasadas, que pueda salir vestida como le dé la gana, y que no venga alguien a decir: “Ella tiene la culpa porque se puso esa ropa”.

MÁS INFORMACIÓN
​Temporada: hasta el 17 de diciembre.
Lugar: Centro Cultural Ricardo Palma.
Dirección: Av. Larco 770, Miraflores.
Entradas: Teleticket y boletería.

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