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Las extremas leyes bajo las que se rige Arabia Saudita

En el reino ultraconservador un robot tiene más derechos que una mujer, los homosexuales son perseguidos hasta ser azotados o condenados a muerte y no se puede criticar al régimen

El 9 de enero del 2015, Raif Badawi, un bloguero saudí que creó un sitio web de debate político y social recibió 50 de los 1.000 azotes que le impusieron por cometer ese delito, denuncia un informe de Amnistía Internacional publicado a inicios de año. La indignación global que generó la condena consiguió que no recibiera más azotes, pero deberá cumplir con una pena de 10 años en prisión.

Si esto le parece escandaloso, debe saber que una mujer en este reino ultraconservador no puede salir a caminar sin la compañía de un pariente varón o su esposo. A este hombre se le denomina “guardián”.
Hasta el 24 de junio las mujeres seguirán impedidas de obtener una licencia de conducir. El motivo que daban las autoridades –antes de que se emitiera un decreto real cambiándola- era que obtenerlo incentivaría a que pasen mucho tiempo fuera de sus casas.

Y es que la presencia de una mujer en espacios designados para hombres es algo que horroriza a los saudíes. Una mujer no puede utilizar una piscina pública, entrar a un cementerio, asistir a un estadio sin compañía masculina, abrir una cuenta bancaria sin permiso de su esposo, entrar a edificios públicos por las mismas puertas que los hombres, ni asistir a los mismos parques, playas o parques de diversiones.

Además, una mujer está impedida de interactuar con un hombre que no sea de su familia o su esposo, ni de exponer su belleza. Por esto último está obligada a utilizar la abaya –una túnica negra que cubre totalmente su cuerpo- y un velo que cubra la mayor parte de su cabeza.

Por ello, el hecho de que en el 2017 se le otorgara la ciudadanía saudí al robot humanoide Sophia generó una enorme polémica. Tras el anuncio –que la convirtió en la primera robot del mundo en tener una nacionalidad- las redes sociales estallaron.

“Sophia sale en público sin velo ni guardián. ¡Tiene más derechos que una mujer saudí!”, reclamaba un usuario en Twitter, según un artículo de la BBC.

Es por estas –y muchas otras prohibiciones- que National Geographic no duda en asegurar que “Arabia Saudita es el país con mayor segregación por género”.

Sin embargo, las mujeres no son las únicas víctimas. Un homosexual puede ser perseguido y castigado a determinado números de azotes. Incluso, puede ser sentenciado a muerte.

Llevar, producir o beber alcohol también puede hacer que lo condenen a recibir latigazos, como a Karl Andree, un inglés de 74 años que llevaba un poco de vino casero y fue sentenciado a recibir 350 azotes por ello. El británico, que sufría de asma y había superado el cáncer en tres oportunidades, fue liberado luego que una campaña de su familia presionara al gobierno de David Cameron y el entonces secretario de Relaciones Exteriores, Philip Hammond, tuviera que reunirse con autoridades de Riad.

Diversas organizaciones pro derechos humanos han denunciado que otros castigos como la amputación de manos a ladrones o lapidar a quienes hayan cometido un adulterio se siguen aplicando en este reino ultraconservador que se rige bajo la ley sharia.

Y la institución encargada de que estas disposiciones se cumplan en el país es la Mutaween o Comité para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio de Arabia Saudita. Es decir, una policía religiosa que en los últimos años ha perdido poder pero sigue vigente.

Tanto el rey Salmán bin Abdulaziz como su hijo, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, quien se ha convertido en el centro de poder en el reino, parecen tener intenciones de cambiar el rostro de Arabia Saudita.

En los últimos meses han promovido leyes que permite a las mujeres crear su propia empresa, formar parte del ejército, incursionar en el teatro, acceder a los estadios y la mencionada oportunidad de obtener una licencia de conducir.

Además, desde el 2017 emprendieron el proyecto Mar Rojo, una ciudad semisoberana, que se regirá bajo leyes internacionales y que busca diversificar los ingresos económicos del reino, hasta ahora dependiente en un 70% de la venta del petróleo.

Lamentablemente, tal como advierte France 24, estos pequeños avances pueden servir solo de maquillaje si se toma en cuenta que los arrestos a activistas mujeres continúan sucediendo en el reino. Finalmente, criticar de cualquier forma al régimen es un delito imperdonable.

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