
Decíamos ayer en este Diario que si Nicolás Maduro juraba el cargo de presidente de Venezuela, como finalmente hizo, lo haría sin ninguna legitimidad más que la que le prestan los fusiles. Ello, porque no existe una sola prueba de que ganó las elecciones del 28 de julio del año pasado –las que se han mostrado, de hecho, evidencian que las perdió de forma contundente–, por lo que, en consecuencia, su “toma de mando” fue un abierto desafío a la Constitución venezolana. Quizás por ello no sorprende que ayer, en su discurso, el sucesor de Hugo Chávez anunciara una reforma constitucional. Difícil que siga apelando a un documento al que ha violado de forma tan flagrante como reiterada.
Por supuesto, esto, que resulta tan obvio para cualquiera mínimamente informado sobre lo que viene ocurriendo en el país caribeño, no lo es tanto para la izquierda peruana, tan vocinglera y combativa cuando le toca denunciar a dictaduras de derecha, pero tan remilgada y cínica cuando estas comparten su tronco ideológico. Como no podía ser de otra manera, representantes de varios partidos políticos de esta tendencia se apresuraron ayer a ‘saludar’ al sátrapa en sus redes sociales y a cuestionar al gobierno de Dina Boluarte por haber asegurado días atrás, de manera tardía, que Edmundo González Urrutia era el presidente legítimo de Venezuela.
“Nuestro partido saluda la juramentación del camarada Nicolás Maduro”, escribió, por ejemplo, Vladimir Cerrón, el prófugo líder de Perú Libre en sus redes sociales. Un mensaje que fue compartido por su subordinada, la congresista Kelly Portalatino, quien añadió: “Respeto a la autodeterminación de los pueblos”. ¿De qué autodeterminación habla? No estamos seguros. Porque la de los venezolanos expresada en las urnas fue robada de manera descarada. El parlamentario Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), exministro del golpista Pedro Castillo y actual aliado del asesino de policías Antauro Humala, fue aún más cínico al señalar que a González Urrutia “ninguna institución pública del sistema electoral venezolano” lo respalda. Como si él no supiera que todas se hallan cooptadas por el régimen desde hace varios años.
Quizás el más sincero de todos fue el congresista Jaime Quito (Bancada Socialista), que consultado por este Diario sobre las innumerables pruebas de que Maduro se robó los comicios, expresó: “No existe ningún proceso electoral 100% limpio”. Sobran los comentarios.
Por supuesto, uno podría pensar que esta actitud de la izquierda peruana se explica por cierta añoranza hacia Maduro y el ‘socialismo del siglo XXI’ que les impide criticarlos. Pero también revela algo peor: sus pobres convicciones democráticas. En otras palabras, nos demuestra que, para ellos, robarse las elecciones y reprimir a la ciudadanía que reclama por ese atropello –como ha hecho el régimen chavista– no está mal cuando lo hace alguien de su mismo signo ideológico. Para no olvidar.

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