“¡Disolver! Y fue golpe”, por Fernando Tuesta Soldevilla

“El fujimorismo, como populismo autoritario, es todo esto, no solo una parte. Su identidad se crea y recrea con la sustancia que le dio nacimiento y forma”.

    Fernando Tuesta Soldevilla
    Por

    Profesor de Ciencia Política en la PUCP

    "El 5 de abril, denostado en un momento por la propia hija en campaña, sigue siendo una fecha de la que el fujimorismo no puede renunciar, pues, de lo contrario, se caería todo el armazón y la narrativa de su vida". (Foto: Difusión)
    "El 5 de abril, denostado en un momento por la propia hija en campaña, sigue siendo una fecha de la que el fujimorismo no puede renunciar, pues, de lo contrario, se caería todo el armazón y la narrativa de su vida". (Foto: Difusión)

    Esa frase quedó grabada en la historia. “¡Disolver, disolver!”, repetía el entonces presidente constitucional de la República, Alberto Fujimori. En realidad, no disolvía el Parlamento con los requisitos que le permitía la Constitución. Fue, sin atenuantes, un golpe de Estado. Han pasado tres décadas desde aquel 5 de abril de 1992, con el mismo número de generaciones, que en mucho desconocen o están mal informadas sobre aquel acontecimiento que marcó un hito en la historia peruana. Alberto Fujimori, el ‘outsider’ que había vencido sorprendentemente a Mario Vargas Llosa, era prácticamente un desconocido, pero era al que la ciudadanía le había delegado el poder.

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