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Las fusiones y el control de fusiones, por Iván Alonso

“La venta a una empresa más grande es la manera de capitalizar el esfuerzo de tantos años cuando uno no tiene ya la energía o el capital para seguir empujando el negocio”.

Iván Alonso Economista

Fusiones y adquisiciones

“¿Qué efectos han tenido las fusiones que hemos visto en el Perú en los últimos años?”

La Comisión de Economía del Congreso, ha anunciado su presidente, Carlos Bruce, retomará la discusión del proyecto de ley de control previo de fusiones empresariales. La ley se aplicará –asumiendo que sea aprobada– a una serie de operaciones de compraventa de activos o acciones entre empresas, no solamente fusiones en el sentido estricto del término. Cuando las empresas involucradas pasen de cierto tamaño, tales operaciones, antes de consumarse, necesitarán la autorización de Indecopi.

La idea es evitar que, como resultado de una fusión, las empresas adquieran un poder de mercado que les permita subir sus precios y aumentar sus ganancias a costa del consumidor. Poder de mercado significa que no hay suficientes competidores que puedan reaccionar rápidamente y quitarles clientes a las empresas fusionadas si tratan de subir sus precios. Cómo hará Indecopi para medir la capacidad de reacción de los competidores, actuales y potenciales, es un misterio.

El dictamen aprobado por la Comisión de Economía en octubre pasado cita una cantidad de artículos académicos –que los hay a favor y en contra– y pronunciamientos doctrinarios de la OCDE y la Comisión Europea, entre otros, que recomiendan establecer un control de fusiones. Pero pasa a la velocidad de un rayo por lo que debería ser la pregunta fundamental si uno quiere legislar al respecto: ¿qué efectos han tenido las fusiones que hemos visto en el Perú en los últimos años?

Quizás la más llamativa de todas haya sido la fusión de Backus & Johnston con Cervesur en el año 2000. Por las dimensiones de ambas empresas, la fusión habría estado sujeta a la ley de control previo. Por la participación de mercado de cada una de ellas, es sumamente improbable que hubiera sido aprobada.

¿Qué habríamos ganado con eso? ¿Habríamos evitado un aumento de precios en perjuicio del consumidor? ‘Nein!’, como diría un maestro cervecero. La cerveza rubia, que costaba 6,13 soles por litro a principios del 2000, bajó hasta llegar a 4,85 en el 2006. Cinco años después estaba en 5,11, todavía menos que antes de la fusión. Entretanto, el índice de precios al consumidor (IPC) en Lima Metropolitana había aumentado más de 25%. Quiere decir que, en términos reales, o sea, descontando el efecto de la inflación, el precio de la cerveza bajó 36% en los diez años que siguieron a la fusión.

Lejos de restringir la producción, que es lo que tiene que hacer una empresa si quiere aumentar sus precios, la producción de cerveza rubia subió como la espuma: 120% en diez años, esto es, más de 8% anual, en promedio. Casi todo ese crecimiento es atribuible a la empresa fusionada.

Difícilmente Indecopi habría previsto, al bloquear esta fusión, como creemos que la habría bloqueado, el surgimiento de las cervecerías artesanales y la inmensa variedad de cervezas que ofrecen al consumidor. Cualquier intento de la empresa fusionada de ejercer su poder de mercado habría acelerado la incursión de los nuevos competidores.

Pero eso no es lo peor. Quién sabe si más adelante Backus quiera absorber a algunas de estas cervecerías. La venta a una empresa más grande es la manera de capitalizar el esfuerzo de tantos años cuando uno no tiene ya la energía o el capital para seguir empujando el negocio. Someter esa operación a un control previo de pronóstico incierto es un serio desincentivo al emprendimiento.

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