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El último acto de Alan García [CRÓNICA]

Luciana García leyó en el velatorio una carta que su padre escribió antes de suicidarse. Minutos después, su hermano menor, Federico, firmó sobre el ataúd su inscripción como militante aprista

Alan García

El ataúd con los restos de Alan García fue retirado ayer de la Casa del Pueblo. Tras recorrer el Centro de Lima, el cortejo fúnebre tuvo como última parada un camposanto de Huachipa. (Foto: Daniel Apuy/ GEC)

Describir todo lo que ocurrió es difícil hasta para alguien que estuvo al costado del ataúd de Alan García durante tres días. No se recuerdan muchos viernes santos tan distantes a la coyuntura religiosa o a los planes para escapar de Lima. El Perú es un país impredecible. Recordemos: hace casi exactamente tres años, Alan García y Pedro Pablo Kuczynski se enfrentaban en las urnas para llegar a la presidencia. Ayer, casi al mismo tiempo, uno era cremado tras quitarse la vida y contra el otro se ordenaban 36 meses de prisión preventiva. Ambos investigados por el Caso Odebrecht.

El viernes hubo tres momentos claves que en esta página tratamos de reunir: la aparición de una carta de despedida dejada por el ex presidente Alan García, la cremación de sus restos y el sorpresivo protagonismo de su hijo menor en la escena política.

—“Dejo mi cadáver como muestra de mi desprecio”—
Con la carta titulada “La razón de mi acto”, Alan García Pérez deja claro que tenía planeado su suicidio.

Eran las 9:54 a.m. Estábamos en la abarrotada aula magna de la Casa del Pueblo, el bastión aprista, en Breña, cuando su hija Luciana García tomó la palabra. Con micro en mano, comenzó a leer lo que nadie creía que era: la despedida que había dejado su padre.

“Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia [...] Les dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse”, dice la carta.

Alan García

Alan García Pérez dejó una carta antes de tomar la decisión de acabar con su vida.

Las palabras de García dejaron en la sala un breve silencio. Luego, todo fue aplausos y gritos. Mientras tanto, desde un televisor del local aprista se confirmaba la muerte de ocho personas pertenecientes a una delegación aprista en un accidente de bus.

La imagen de esa carta impresa fue difundida luego vía Twitter por Erasmo Reyna, abogado del ex presidente. En esta, se observan un texto de cuatro párrafos, dos huellas digitales, una firma larga y otra corta.

Ante algunas dudas sobre la legitimidad de la carta –sobre todo por las faltas ortográficas–, Reyna declaró anoche a El Comercio que esa hoja bond de color blanco doblada en cuatro era real y que había sido entregada a personas del entorno cercano de García.

—La otra procesión—
Era el mediodía cuando el cortejo fúnebre abandonó el local del Partido Aprista Peruano. El desfile de católicos alrededor de la imagen del Señor de los Milagros, por las celebraciones de Viernes Santo, llegó a confundirse con la peregrinación de simpatizantes apristas que acompañaban los restos de Alan García por el Centro Histórico de Lima. Eran, en la práctica, dos procesiones paralelas.

Luego, la caravana de vehículos de la funeraria dio vueltas por la plaza San Martín. Después, aceleró la marcha hacia el camposanto de Huachipa donde el cuerpo fue cremado en una ceremonia privada. A esta solo ingresaron familiares, congresistas apristas y un número reducido de amigos.

La cremación duró una hora y cuarenta minutos. El lugar estuvo cercado por dos cordones policiales, con más de cien agentes instalados incluso en lo alto del camposanto. Llegaron militantes y simpatizantes apristas, pero no pudieron participar.

Las cenizas fueron entregadas a la familia, según Ricardo Pinedo, ex secretario de García y uno de los hombres más cercanos a él.

—El nuevo militante—
“La muerte de Alan García hará que aparezca un nuevo líder del partido”.

Esta frase estuvo rebotando en las paredes de la Casa del Pueblo durante el miércoles y el jueves de luto. Quienes la expresaban eran simpatizantes apristas que parecían abrazar cualquier esperanza de que la estrella no se apague.

Y ayer, un día después, el hijo menor del ex presidente García firmaba sobre el ataúd de su padre (y la banda presidencial) su inscripción como militante oficial de uno de los partidos políticos más longevos del país. A los 14 años, la edad en la que cualquier niño apenas firma talonarios de alguna rifa estudiantil.

Hace nueve años, “Panorama” le dedicó un reportaje a Federico Danton titulado “El niño de Palacio”. Terminaba con la frase: “[...] Quizá Alan García sueña con que el último de sus hijos siga sus pasos”.

En la Casa del Pueblo los simpatizantes del partido aún creen que así será.

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