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¿Congelar alimentos sirve? La estrategia que tu cocina necesita
Guardar tu comida en el frío extremo no es de flojos: es una práctica inteligente y organizada si la llevas a cabo de forma correcta. Conoce aquí qué alimentos pueden quedarse mucho tiempo en tu refri sin que se arruinen ni pierdan sus nutrientes.
Mientras tú duermes, él está ahí, trabajando en silencio, protegiendo tus alimentos del paso del tiempo. No tiene capa ni superpoderes, pero sí una gran misión: conservar lo mejor de tus comidas sin que pierda (ni su valor nutricional). ¡Ajá, estoy hablando de tu congelador! Porque sí, congelar no es perder. Es pausar. Y si sabes hacerlo bien, puede ser una de las estrategias más inteligentes (y sustentables) para ahorrar tiempo, dinero y evitar desperdicios.
Mientras tú duermes, él está ahí, trabajando en silencio, protegiendo tus alimentos del paso del tiempo. No tiene capa ni superpoderes, pero sí una gran misión: conservar lo mejor de tus comidas sin que pierda (ni su valor nutricional). ¡Ajá, estoy hablando de tu congelador! Porque sí, congelar no es perder. Es pausar. Y si sabes hacerlo bien, puede ser una de las estrategias más inteligentes (y sustentables) para ahorrar tiempo, dinero y evitar desperdicios.
La congelación es básicamente poner el tiempo en pausa. Cuando los alimentos se congelan correctamente, el agua que contienen se transforma en hielo y detiene la actividad de microorganismos y enzimas que los hacen descomponerse. O sea, no es magia; es ciencia aplicada al refri.
Algunas personas creen que congelar significa “perder vitaminas” o que “ya no es nutritivo”, pero la realidad es otra. (Foto: iStock)
/ pocketlight
Pero, ¿qué pasa con los nutrientes? Buena pregunta. Muchos creen que congelar es sinónimo de “perder vitaminas” o que los alimentos “ya no son nutritivos”. La realidad es otra: los vegetales —tanto frutas como verduras— que ya vienen congelados suelen procesarse justo después de la cosecha, cuando están en su punto máximo de frescura y valor nutricional. Sucede lo mismo con los alimentos frescos que compramos, podemos conservarlos mejor si los congelamos antes de que se echen a perder. Eso sí, hay matices: algunas vitaminas sensibles al calor o la luz (como la vitamina C y los folatos) pueden disminuir un poco su valor, sobre todo si el proceso previo —el blanqueado o la cocción— fue largo. Aun así, la pérdida es mínima y, definitivamente, no es peor que dejar tus verduras marchitarse en el cajón del refri durante 10 días.
Algunos alimentos que no debes congelar son: verduras con mucha agua (pepino, lechuga), lácteos, y huevos crudos con cáscara (pueden explotar).
¿Qué alimentos se pueden congelar? ¡Más de los que crees!
Proteínas: pollo, pescado, carne y tofu aguantan perfectamente bien. Solo asegúrate de guardarlos en porciones individuales y bien selladas. Duración: seis meses.
Verduras y frutas: casi todas pueden congelarse, especialmente si las blanqueas (es decir, si las pasas uno o dos minutos por agua caliente y luego agua fría). Duración: hasta 12 meses.
Pan y granos cocidos: arroz integral, quinua, panes artesanales… Todos sobreviven felices al frío. Duración: hasta seis meses.
Comidas ya preparadas: sopas, guisos, purés, legumbres cocidas. Tu yo del futuro te va a aplaudir cuando llegues cansada y recuerdes que tienes una lasaña casera lista en el congelador. Duración: hasta tres meses.
¿Y qué no deberías congelar? Algunos alimentos no se llevan bien con el frío extremo:
Verduras con mucha agua (como pepino o lechuga) porque terminan blandas y tristes.
Productos lácteos como yogures, cremas o quesos blandos, que pueden separar su textura.
Huevos crudos con cáscara (explotan, literalmente).
Un truco MacaWellness: etiqueta tus envases con fecha y contenido. Tu memoria no es tan buena como crees, y ese “¿esto era sopa o lentejas?” a los tres meses no te lo deseo.
Muchas frutas y verduras son congeladas justo después de la cosecha, y así las adquirimos. (Foto: iStock)
/ Liudmila Chernetska
Así que ya sabes: congelar no es de flojos, es de inteligentes y organizados. Te ayuda a mantener una alimentación equilibrada, reduce el desperdicio, conserva nutrientes y salva más comidas de lo que imaginas. La próxima vez que cocines, haz de más y congélalo. Tu cuerpo, tu bolsillo y tu tiempo te lo agradecerán.
Y recuerda: no todo lo que está frío carece de vida… a veces solo está esperando el momento perfecto para brillar en tu plato. //