Por Nora Sugobono

Hace algunos años, posiblemente la segunda vez que publicamos sobre Jerónimo en este espacio (la primera aún no le tenía la confianza necesaria) bauticé al cocinero Moma Adrianzén como el ‘bad boy’ de La Mar. Un apelativo que el chef no me ha dejado olvidar. Moma, con sus tatuajes y su onda de cocinero poco convencional —siempre fiel a sus pasiones— se abrió camino en el rubro con un estilo propio y cierta cuota de rebeldía culinaria. La misma que le permitió combinar en su carta influencias tan diversas como la cocina mexicana, el sudeste asiático y los sabores del Mediterráneo. Servía tacos, makis y carnes al horno Josper, todo en la misma barra.