Por Oscar García

Hubo un tiempo en que Bad Bunny entraba y salía de Lima sin el reclamo de las multitudes. En julio de 2017, el joven puertorriqueño de 23 años recorría distritos periféricos de Lima como San Juan de Lurigancho, Puente Piedra, San Juan de Miraflores y Ate, cantando en discotecas donde el escenario quedaba a unos pocos metros del público. Eran sus viejos días como obrero de la música, cuando ofrecía hasta tres shows por noche en locales como Kenkos, La Choza o Kapital Sur. Las entradas se colocaban entre 25 y 100 soles y el artista cobraba alrededor de 5.000 dólares por presentación. En esa época, Bad Bunny —y todo su show— cabían en el asiento trasero de una camioneta. .

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