Jueves, 5 de abril de 2007
Biotecnología y narcotráfico




Por Ernesto Bustamante, biólogo molecular

Hace unos días, en el Congreso de la República, se llevó a cabo un conversatorio para discutir el Proyecto de Ley de Biotecnología Moderna. En el Perú, una amalgama de organizaciones no científicas se opone al uso de una tecnología que desde hace dos décadas ya se utiliza exitosamente, y con plena bioseguridad, en países más avanzados, como importante instrumento de desarrollo económico.

Este grupo logró que, a cuatro horas de terminar su gobierno, el presidente Toledo observara la Ley de Biotecnología Moderna, que había sido aprobada semanas antes por el Congreso, retornándola a la categoría de proyecto de ley. Ello ocurrió a pesar de que esta ley fue consensuada desde el año 2004 con miembros de la comunidad científica de los sectores académico, estatal y productivo del país.

El proyecto de ley está en Orden del Día del Congreso luego de que la Comisión de Educación se allanó a las observaciones planteadas por el presidente Toledo. No obstante, persiste el interés de grupos seudoconservacionistas de que el pleno del Congreso no apruebe ley alguna de biotecnología. Esto significaría el lamentable atraso de muchos proyectos de desarrollo científico y tecnológico, esenciales para darle un sustento crítico de largo plazo a la bonanza económica de la que hoy goza nuestro país.

Durante la discusión que siguió, se suscitaron situaciones desagradables que llegaron al insulto y agravio personal contra nuestros dos expositores pro Ley de la Biotecnología Moderna. Se llegó al absurdo de sostener que los científicos no debían opinar sobre biotecnología sino los campesinos locales, y que la nueva ley debía concentrarse en investigar la agricultura tradicional y solo por las propias comunidades.

La congresista Sumire nos acusó, a los que apoyamos la ley, de ser cómplices de "quienes se habían robado la vesícula de la llama" y que "la ley no respetaba la pachamama". Ella dijo que no apoyaba la ley y que haría lo posible para que el pleno no la debata, sino que la derive a la Comisión de Asuntos Indígenas, de la que ella es miembro y donde seguramente sería encarpetada para siempre. Hay una oposición visceral contra la Ley de Biotecnología Moderna, y se usó métodos no democráticos de debate, con argumentos ad hóminem, insultos y actitudes propias de turbas.

La Ley de Biotecnología Moderna establecerá cómo los peruanos podremos aplicar técnicas modernas de biología molecular al desarrollo económico del Perú, tal como se hace en países tan diversos como EE.UU., Canadá, China, India, España, Australia, Francia, Argentina, Brasil y recientemente Colombia. La promulgación de la ley no implica peligro para nuestra biodiversidad (sino más bien nos otorga mecanismos para protegerla) y no obliga (sino más bien, permitiría impedirlo o regularlo) a modificar genéticamente plantas (como la papa) cuyo centro de origen es el Perú.

Si la ley no se aprueba, los científicos del Perú no podremos contar con los mecanismos biotecnológicos que nos permitan contribuir a dar solución al problema de la siembra ilegal de coca. Hay muchas soluciones al problema del narcotráfico susceptibles de estudio y de futura implementación exitosa mediante el uso de la biotecnología moderna. Por ejemplo, erradicaciones controladas genéticamente y hasta la transformación genética de la planta de coca que produzca hojas con contenidos ínfimos o nulos de cocaína.





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