El ya anunciado fenómeno del Niño Global pone otra vez bajo presión a nuestro aparato público acostumbrado a actuar más reactivamente que proactivamente. El tiempo en este caso vale más que oro, vale vidas. Recordemos que en el norte de nuestro país, ante el incremento considerable de las lluvias, son muchas las vidas que se pierden. A ello se suma la pérdida de infraestructura y los efectos económicos que van desde recesiones en las zonas afectadas hasta inflación inducida por el lado de la oferta al restringirse el abastecimiento de ciertos productos alimenticios.