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RAÚL MENDOZA CÁNEPA
Si bien, "El Corazón del hombre" y "El miedo a la libertad", son dos de sus obras más estudiadas, "El arte de amar" es su obra más popular y apreciada. En este libro, Amar, nos dice, no es un sentimiento sino una “voluntad” y, por consecuencia, un arte y, acaso, una necesidad.
Tipos
La “separatidad” es una soledad en apariencia irredimible que induce al hombre a una serie de actividades que no resuelven finalmente el problema. La solución a esta suerte de desolación espiritual solo puede provenir del amor. Fromm nos advierte que el amor no es aquel que recoge la tradición romántica sino una decisión que implica cuidados al objeto del amor. El amor maduro no desintegra la individualidad, nos dice, pero nos salva de la soledad abrumadora.
El psicólogo social nos señala en su ilustrativo libro que hay diversas formas de interpretar el amor, según el tipo de relación. Fromm aborda el amor fraterno, pero quien se aproxime a sus letras reparará que el amor más puro es el incondicional, que es el que una madre provee a su hijo. La madre tiene como un imperativo descubrirle el valor de la vida. Una de sus reglas es aceptar que, en su evolución, la dependencia materno-filial habrá de dar a su fin.
El autor desarrolla el significado y alcances del amor erótico, que lo desvincula del sentimiento. El amor genuino es el que se afirma en el deseo de seguir amando, en el compromiso. El sentimiento puede difuminarse, pero la voluntad persistir. Fromm también se refiere al amor propio sin deslegitimarlo. No es egoísmo ni exclusión del otro. Quien ama a los otros se ama a sí mismo.
En el análisis, el amor a Dios tiene un símil en el amor materno, siempre incondicional. Pero en la relación padre-hijo se añade el factor de la obediencia y la rectitud de las obras. La madre concede la gracia y el padre la autoridad.
El autor concibe que en la civilización moderna prevalece el error conceptual. Se asume como amor el interés recíproco y el placer entre dos seres. En algunos casos, incluso, rige la idolatría.
El amor no es un asunto fácil, señala, sino una disciplina que supone centrarse en los cuidados, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del otro. Para Fromm no existe el amor sin compromiso. El amor rinde sus frutos: “el que ama se transforma constantemente. Capta más, observa más, es más productivo, es más él mismo”.
Pensamiento final:
Fromm se ocupó a lo largo de sus veinte libros de la condición humana o, más precisamente, de la deshumanización del hombre. En Anatomía de la destructividad humana, anticipa que en el hombre conviven dos fuerzas, la del amor y la del odio a la vida: una opción entre la creación y el envilecimiento destructor.












