Sería la gracia de Dios la que, en última instancia, salva al hombre más allá de la conducta que este haya seguido a lo largo de su vida.
Sería la gracia de Dios la que, en última instancia, salva al hombre más allá de la conducta que este haya seguido a lo largo de su vida.
Por Pedro Cornejo

En su libro titulado Dios no nos debe nada, el filósofo polaco Leszek Kolakowski estudia una de las cuestiones centrales de la antropología filosófica cristiana: “La paradójica dificultad de reconciliar dos dogmas: que Dios es omnipotente y es imposible imaginarse que su voluntad pueda ser desbaratada por los hombres, y que los hombres son responsables de su condena y salvación”. Una aporía que se funda en la distinción jerárquica establecida por Pablo de Tarso entre la libertad soberana de Dios y la libertad personal (o libre albedrío) de los seres humanos.