Por Diego Suárez Bosleman

“Señor, por la vereda”, me dice un policía mientras bloquea mi camino. “Tenga la amabilidad de ir por la vereda”, repite, alzando un poco más la voz, dejando claro que yo no iba a poder avanzar más. Solo estaba tratando de caminar hacia el centro de la Plaza de Armas. Pero eso ya no es posible.