Redacción EC

RENÉ ZUBIETA
Redactor de Sociedad

La práctica médica señala que un adicto al tabaco fuma desde seis cigarrillos al día hasta al menos 3 cajetillas (hay de 10 y de 20 unidades), inclusive en espacios prohibidos; por ejemplo, en el lugar de trabajo dándose unas escapadas. Quiere dejar de hacerlo y no puede, recae.  Casi medio millón de peruanos están en esa condición y necesitan tratamiento, según el (Minsa).

Si se siente identificado, tome en cuenta lo siguiente. Un estudio en el que participó la Universidad Cayetano Heredia revela que 44 personas mueren al día en el Perú por tabaquismo o abuso del tabaco. Asimismo, estimaciones del Minsa refieren que por cada cigarrillo fumado se pierden 6 minutos de vida y, a nivel general, de 10 a 15 años. Las consecuencias van desde los dientes amarillos y el mal aliento hasta el cáncer, siendo el de pulmón el más recurrente.

Sin  embargo, aunque la mayoría de casos de adicción necesitan orientación clínica, especialistas coinciden en que hay eventos, impresiones o ‘shocks’ tan fuertes, que pueden hacer que una persona tome la tajante decisión de dejar de fumar. Es el caso de ciudadanos, como tú o como quien escribe, pero que tuvieron al cigarrillo como refugio por muchos años, llegando a consumir dos a tres cajetillas, al menos 40 unidades. Sin embargo, situaciones personales los llevaron a decir, un día, basta.

Un incentivo de vida
A Mario Barreto Schrader (41) le pasó, tuvo dos ‘shocks’. El primero fue en mayo del 2009 durante los exámenes médicos previos a su matrimonio, cuando vio radiografías de sus pulmones dañados y el médico le dijo que si seguía fumando, en 15 años iba a tener que usar un balón de oxígeno, pues su capacidad pulmonar era deficiente. Dos semanas después vino el segundo impacto: se enteró de que iba a ser papá. “Más incentivo no puedo tener y no he vuelto a agarrar un cigarro”, dice tras recordar que fue un fumador por 20 años, desde los 18.

En su punto más álgido, llegó a fumar dos cajetillas al día y en más de una ocasión intentó dejar el vicio. Si en una ocasión lo hizo por un año, luego recayó. Ahora afirma con seguridad: “O lo dejas de porrazo o no lo vas a dejar nunca”.

Curiosa  pero tajante apuesta
Yssa Barakat Abugattás, un septuagenario abogado nacido en Palestina pero residente en Trujillo, probó su primer cigarrillo a los 9 años. A los 13, cuenta que ya andaba con dos cajetillas en los bolsillos. Su consumo siguió hasta los 43, cuando apostó con un amigo que si su tercer hijo nacía mujer, dejaría de fumar. Y así fue.

“La primera semana pasó normal, aunque andaba un poco nervioso. A los 8 días, sentí que la garganta se iba aclarando”, recuerda. Pero confiesa que posteriormente siguió comprando cajetillas, mas no para fumar él, sino para invitar: “Era una manera de sentir el cigarrillo, pero no fumarlo. Hice eso un año o año y medio. Ahora ya no compro”. Su recomendación es no hacer mucho caso a los amigos, pues incitan a fumar.

La vergüenza del olor
Sus papás fumaban y pararon voluntariamente. Walter Urteaga (25), bachiller en Psicología, siguió los dos ejemplos, y ya no fuma hace tres años. Empezó a los 16 en la universidad, cuando tenías más ratos libres y no conocía a mucha gente. Tener más ocupaciones y retarse a sí mismo -sobre todo los fines de semana, cuando consumía dos cajetillas- hicieron que dejara atrás sus 9 años de fumador. 

Pero cuenta que lo marcó darse cuenta de la afectación a sus relaciones interpersonales: “Entraba al salón y olía fuerte. Me decían ‘hueles a cigarro’. Me daba vergüenza”. Una mañana se percató con mayor ahínco de que su cuarto y su ropa olían mal. Ahora ve la diferencia cuando corre y dice respirar más tranquilo.

El susto por estar internada
Al encontrarse con la neumonía y la bronquitis a los 26 años, la psicóloga social Úrsula Heldmayer Liza (32) supo que tenía que terminar con sus 10 años de fumadora. “Me asustó un montón, estuve en la clínica”, dice al recordar la fecha con exactitud, 26 de febrero del 2008.

El proceso inicial fue difícil por la ansiedad, que la llevó a comer más y subir de peso. Si empezó fumando en reuniones, fuera de clases u otros ámbitos sociales, señala que tuvo que alejarse en muchas ocasiones de las discotecas y salidas. “Incluso me he despertado asustada soñando que estaba fumando. Me desperté ansiosa, porque pensé que había vuelto a fumar”, manifestó resaltando la importancia de haber tomado la decisión.

Sin poder ejercitarse ni bailar
Vivir en un ambiente de fumadores, por su familia y amigos, llevaron a Verónica Montoya, desde los 15 años, a  hallar en el cigarro un refugio en sus momentos de estrés estudiantil. Tras 18 años, sintió el desgaste: “Empecé a hacer ejercicio, no rendía. En una discoteca, quise bailar tres canciones y no pude. Ahí me asusté”, cuenta acotando que el iniciar una relación también fue un incentivo para dejar de fumar desde hace 8 meses.

“Me molestaba que la gente me dijera deja de fumar, fumar es malo. Me amargaba, era peor. Recomendaría que el día que sientan que ya no lo soportan, que lo hagan. Lo peor es dejarlo y volver”, expresa.

Edgar Amorín Kajatt, miembro honorario de la Liga Contra el Cáncer, coincide con Milton Rojas, psicólogo de Cedro, en resaltar el impacto de eventos emocionales y la fuerza de voluntad, pero destacan la necesidad del monitoreo médico como el tratamiento más efectivo. 

“Lo que funciona en un paciente, no necesariamente va a funcionar en otro […] La fuerza de voluntad es importante, el interés, la actitud proactiva, la motivación. Pero no basta”, precisó Rojas. Por su parte, Amorín destaca, además del impacto emocional y la fuerza de voluntad, la importancia de la autoayuda.

LA PROPUESTA DE LA OMS
La Organización Mundial de la Salud plantea que el Estado aumente los impuestos al tabaco a favor de la salud. “Baja el consumo y aumenta la recaudación. Hay evidencias en Perú y toda Latinoamérica”, explica Rosa Sandoval, asesora regional.

Se busca dificultar el acceso a los más jóvenes. “Son dos a tres veces más sensibles con los cambios de precios que los adultos”, sostiene.

Finalmente, explicó que hay cuatro políticas efectivas para generar un entorno saludable, las cuales deberían implementar el Perú como firmante del convenio marco de la OMS para el Control del Tabaco. Dos de ellos ya se aplican con la Ley 29517 del 2010: prohibir fumar en lugares públicos y que el consumidor acceda a información adecuada (por ejemplo, fotos en cajetillas). “Lo que falta es fortalecer el trabajo de inspección y fiscalización de las municipalidades”, apunta.

Las otras dos políticas que se deberían aplicar, agrega, son prohibir la publicidad y promoción del tabaco e incrementar los impuestos.

Infografía: Por SEIS MITOS SOBRE EL CIGARRO | Create Infographics