Redacción EC

Era el cuarto centenario de Lima, el 18 de enero de 1935, y la ciudad y sus vecinos fueron testigos del develamiento del monumento a su fundador español Francisco Pizarro. Gobernaba el país el general Óscar R. Benavides y el alcalde de Lima era Luis Gallo Porras.

La estatua ecuestre de bronce se abrió paso y se ubicó nada menos que en el atrio de la limeña. Hecha por el escultor neoyorquino Charles Cary Rumsey, la esposa de este la donó a la Ciudad de los Reyes. Se mantuvo allí solo hasta julio de 1952, en que fue trasladada al lado del , en la plaza que llevó su nombre.

Una inmensa grúa hizo la tarea de llevársela alrededor de la Plaza de Armas hasta su punto final: en esa recordada esquina donde se mantuvo hasta abril del 2003. En ese lapso, sin embargo, hubo otros intentos de traslado: uno a Palacio de Gobierno y otro al Rímac.

Pero solo ese 2003 terminó en un terreno del Setame municipal, muy cerca de la en el Rímac. Ante protestas de especialistas la efigie fue rescatada, siendo traslada en octubre del 2004 al nuevo , a orillas de río Hablador. 

Hoy ya no es protagonista en ninguna plaza. El conquistador, en solitario, terminó en el más absoluto ostracismo.