Buscando Nirvana: este es nuestro comentario sobre la película
Buscando Nirvana: este es nuestro comentario sobre la película
Por Juan Diego Rodríguez

Desde que “” empieza el espectador sabe a qué atenerse. Tan solo la primera escena combina problemas de continuidad con cuestionables decisiones de producción.

Estamos en la ceremonia de graduación de un colegio. Allí, el discurso del nuevo director (Edgar Vivar) frente al alumnado y las monadas de Manuel (Miguel Vergara), tranquilamente pudieron ser obviadas al no aportar nada a la historia. Pero la necesidad de tener a un actor de fama internacional como Édgar Vivar pesó más.

 

Frases cliché y bromas forzadas son algunos de los puntos más bajos de “Buscando a Nirvana”. Si a eso le sumamos la poca experiencia y sorpresiva rigidez de Lucas (Diego Harmsen) —quien emplea la misma entonación y expresión cuando está molesto y cuando está feliz—, la experiencia de ver esta cinta se hace todavía más difícil.

Milett Figueroa, por su parte, destaca por la sobriedad de su actuación, algo que no debería sorprender si se tiene en cuenta que el resto del elenco construyó sus personajes con innecesaria exageración.

En 90 minutos, “Buscando Nirvana” cuenta la historia de tres amigos que van en búsqueda de Nirvana, la fiesta más desenfrenada del mundo, pero en el camino se encuentran a sí mismos. Un intento por ser la versión nacional de la estadounidense “Viaje censurado” (2000), pero con un giro final que la convierte en una fábula de Esopo.

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Después de más de dos semanas de caminar por el caluroso desierto -con asalto incluido-, los muchachos llegan a Nirvana y el sinsentido se apodera del filme. Aparecen Randy Ebright (baterista de la banda mexicana Molotov) y los papás de Lucas (Javier Delgiudice y Rosmery Bohorquez), quienes parecen no haber tenido ningún problema en encontrar la fiesta. Un final inexplicable.