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Ellos aparecen cuando termina la función. Se los ve, pero nadie les presta atención. Pasan la escoba, recogen lo que el público tiró al suelo y trapean el piso para dejarlo listo para la próxima proyección. Nada, ni sandías o tápers con arroz chaufa, los sorprende.
En "La película" ("The Flick"), Annie Baker ahuyenta las sombras que rodean a Avery, Rose y Adam, personajes que de otra forma quedarían relegados al ostracismo. Ella los sitúa en un cine antiguo y es enfática al dibujar el perfil del local: allí todavía se proyectan cintas, una forma de resistencia a la estandarización del mercado que quiere transformarlo todo en digital. Las jornadas son repetitivas y no parece haber escape.
"La metáfora de lo análogo con lo digital es una forma de hablar de la autenticidad –comenta Mikhail Page, quien dirige la versión limeña de 'La película'–. Ahora estamos bombardeados de muchos estilos de vida y se nos dice cómo es que deberíamos comportarnos, sin pensar en qué nos hace bien. Los personajes viven en un mundo que los sobrepasa y para el que no están preparados, y se siguen aferrando a ciertas costumbres y tradiciones que los hacen sentir más verdaderos".
Pero la verdad que rodea a este trío, más allá de observar su latente incomodidad, es esquiva. Acceder a sus pensamientos y motivaciones es muy difícil porque ni ellos mismos saben qué es lo que sienten.
Page considera que esto responde a que el estilo de Baker tiene recursos chejovianos. "Si bien son historias mínimas de gente común y de sus pequeñas batallas, hablan, quizá, de una generación, de una época –anota el director–. Además, estos personajes no tienen la capacidad de articular sus emociones. Chéjov creía que nosotros no podemos clasificar lo que sentimos ni decidir lo que no está pasando. Baker comprende ese estilo y lo aplica a esta historia moderna".
TRANSAR CON LA REALIDAD
"La película" tiene como protagonista a Avery, un chico tímido que esconde un secreto. Él está, sobre todo, cansado de las ideas extremadamente positivas que escucha a diario, de ese mandato actual que obliga a todos los seres humanos a ser felices. Él, por propia confesión, se siente incapaz de lograrlo y se siente incomprendido. Esa insatisfacción repercute, además, en la forma en la que mira el mundo: su idealismo es lo que manda su vida y le cuesta transar con la injusta realidad.
"La sensación que te queda al final de la obra –acota Page– es que si aprender y madurar es una realización, o más bien, rendirse. Por eso hay frases conciliadoras con la vida como ‘por algo pasan las cosas’, frases que probablemente generaciones anteriores a las nuestras usaban para justificar las irregularidades inesperadas en la vida". Quizá sea tiempo de aceptar que la vida no es más que azar.
MÁS INFORMACIÓN
Lugar: Teatro de Lucía. Dirección: calle Bellavista 512, Miraflores. Temporada: desde el 16 de mayo. Horario: de jueves a lunes, 8 p.m.; domingos, 7 p.m. Entradas: Teleticket.













