“Estoy muerta”, “no puedo más”, “no me da la vida”. ¿Les suena? El cansancio de las mujeres no parece haber variado desde el “estoy hasta el moño” de mi abuela. Con o sin moño, las mujeres estamos agotadas.
Esta fatiga no es nueva y se vincula en gran parte a las largas jornadas de trabajo que las mujeres siguen afrontando dentro y fuera de la casa, junto con otros factores que afectan con mayor prevalencia a las mujeres: precariedad laboral, subempleo, madres que crían solas, inseguridad y violencia familiar.
Sobre esta última, no los aburriré con cifras. Desde las encuestas del INEI hasta cualquier reporte del Mininter o la Defensoría, todas reflejan que más de la mitad de mujeres en el Perú han sufrido violencia alguna vez a lo largo de su vida, situación que lejos de disminuir, sigue aumentando.
Tras un nuevo 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, “¿Por qué estamos exhaustas?”. Es el cansancio por ser criticadas, por cuidar, pero no cuidarnos; es el hastío de tener que reclamar lo que por derecho es nuestro, de tener que explicar que la violencia de género sí tiene género, que las adolescentes desaparecen, que la trata de mujeres y niñas mueve ya más dinero que el narcotráfico, que el embarazo de una niña de 12 años es una violación, que la inversión del Estado es esencial para que la violencia no siga aumentando. Y sí, es tedioso tener que escuchar las opiniones de cualquiera sobre cómo debemos criar a nuestros hijos, cómo vestirnos o cómo divertirnos.
La violencia contra las mujeres es la máxima expresión de la desigualdad de derechos y oportunidades, y la mayor agresión contra nuestra salud mental. No en vano tres de cada cuatro casos de depresión, ansiedad, estrés agudo y postraumático atendidos por el Minsa en el 2024 fueron de mujeres. Que haya autoridades que nieguen que las mujeres experimentan más violencia física y psicológica, más agresiones sexuales, más hostigamiento laboral, más ciberacoso y más desapariciones es patético. Que la Enaho 2024 arroje que el 56,5% de los hombres mayores de más de 17 años justifica la violación sexual de mujeres es descorazonador. Y que el año pasado la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo indique que las mujeres dedicamos el triple de tiempo al hogar que los hombres es extenuante.
Sin embargo, nuestra perseverancia y capacidad de trabajo son un motor incombustible. Los cuestionamientos a nuestro papel en la sociedad, lejos de desalentarnos, deben unirnos. Encontrar salidas ante la limitación de nuestras libertades forma parte de la historia de las mujeres, y que nos quiten el sueño de que nuestros jóvenes cambien el paradigma de la violencia no es una opción.
Agotadas sí, rendidas no.
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