¿De quién es realmente la tarea?

“En muchos lugares donde el Estado no llega, empresas han contribuido a la creación de escuelas, servicios básicos y programas sociales”.

    María Isabel León
    Por

    Empresaria y expresidenta de Confiep

    misabel@comercio.com.pe

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    Ahora bien, no existen países “competitivos”, solo empresas competitivas. (Ilustración: Giovanni Tazza)
    Ahora bien, no existen países “competitivos”, solo empresas competitivas. (Ilustración: Giovanni Tazza)

    En el debate público, se ha vuelto frecuente cargar sobre el sector privado responsabilidades que, en esencia, no le corresponden. Se le exige no solo generar riqueza, empleo e innovación, bienes y servicios que benefician a la población, sino también suplir las deficiencias estructurales del Estado: cerrar brechas sociales, financiar servicios públicos e incluso liderar procesos de cohesión nacional. Esta mirada, aunque bien intencionada, parte de una confusión fundamental: la falta de comprensión de la división de funciones en una economía moderna. El sector privado cumple un rol insustituible: crear valor. Produce, invierte, asume riesgos y genera empleo. En ese proceso, además, aporta significativamente al fisco mediante impuestos que deberían ser el principal sustento de la acción estatal. Pretender que, además de ello, asuma funciones propias del Estado no solo es ineficiente, sino también peligroso, porque diluye responsabilidades y debilita la exigencia ciudadana hacia quien realmente debe responder.

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