Por Jorge Chávez Noriega

Desde hace un par de semanas Pablo Arraya ha vuelto a sentir la adrenalina de las grandes hazañas. Desde Hamburgo, el histórico extenista peruano acompañó de cerca a Ignacio Buse en el mejor momento de su joven carrera: la conquista de su primer título ATP el sábado pasado y el salto definitivo hacia el circuito grande, coronado con su debut en el ‘main draw’ de Roland Garros. Para Arraya, ver el crecimiento de Nacho es casi como viajar en el tiempo. Hace más de cuarenta años, él mismo abrió un camino que parecía imposible para el tenis nacional.

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